PÍDEME LA LUNA
Hoy voy a hablarte del
mono azul que vivía en la luna. Sí, en un cráter. Cerca de un lago espejeante
por donde ahora se deslizan varios niños con sus patines de cuchilla. Sí, claro
que es un cuento. ¿Para dormir? Jamás, una buena historia no debería provocar
sueño. Este es un cuento para soñar. Casi tan real como… ¿de qué estaba
hablando? Ah, sí, del mono azul. Nació bajo una estrella roja, pero esta se
enfrió demasiado pronto. De ahí viene su color. No, no es una tragedia. En todo
caso, una tragedia optimista. Porque ahora todos se pelean por viajar a la luna
y visitar al mono azul, que tiene los ojos más bellos del mundo. ¿Que si tú
tienes los ojos bonitos? Ay, claro que sí, pequeña. Seguro que hasta el mono
azul te tendría envidia.
¿Quiénes son los niños que patinan?
Son unos que están siempre mirando el horizonte a ver si regresa el barco. Que
sí, que ahora te hablo del mono azul. Pero déjame contarte primero la historia
de los niños. Se perdieron, ¿sabes? Iban en un barco que surca las estrellas, y
al ver la luna tan blanca, tan redonda, como un queso de esos que te gustan,
tan apetecible que te daban ganas de darle un mordisco, quisieron atracar allí.
¿Atracar? Sí, así se dice cuando los barcos se detienen en un puerto. Pues
fondearon en uno de los cráteres, y uno de ellos descubrió los lagos helados. Y
quisieron ponerse a patinar. ¿El mono azul? Ah, él se escondió de los niños.
Nunca había visto ese tipo de seres. ¿Que como sé que tiene los ojos bonitos?
Porque una niña no quiso bajar a patinar con los otros. Tenía miedo. La pobre
siempre estaba asustada de los demás. Pero la luna le pareció tan hermosa que
decidió explorarla a solas, y descubrió a nuestro amigo. Estaba fascinada. Era
el ser más hermoso que había contemplado jamás, y eso que había estado en
muchos planetas, había divisado estrellas fugaces y perseguido cometas. Pero el
mono azul era bellísimo, con una pelambrera suave, de color azul oscuro, y que,
al reflejarle la luz, parecía brillar. Y sus ojos, ¡imposible de describir!
Eran muy oscuros pero habían atrapado la luz de las estrellas antes de morir.
Sí, claro, las estrellas mueren. Pero eso sucede cada tanto tiempo que no debes
preocuparte. El mono azul y ella se hicieron muy amigos, y hablaron y hablaron
y hablaron.
¿La
niña se quedó con el mono azul? Me temo que no. Ambos eran seres libres; ella regresó
al barco, pero sus amigos todavía seguían patinando. Y mientras los esperaba,
sucedió algo. El ancla no estaba bien afianzada, y se desprendió de la roca.
Así que se vio impulsada de nuevo al espacio, y dejó a los otros niños. Por eso
la están esperando. Sin el barco ellos solo pueden jugar y jugar. Tampoco es un
destino tan terrible, ¿verdad?
¿Qué
sucede? ¿Quieres saber qué le pasó a la niña? Creo que fue bastante feliz.
Fondeó en otro planeta, uno azul envuelto en nubes. Conoció a una familia que
la acogió como si fuera su hija. Creció. Y tuvo una niña, con unos ojos vivos
muy parecidos a los del mono azul, al que ya casi había olvidado. Así que se
prometió que un día le contaría la historia de cuando estuvo en la luna. Se lo
debía a ella. Y también a su amigo.
¿Que si podemos ir a ver al mono
azul? Algún día, cariño mío, algún día volveremos a la luna.
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