martes, 31 de mayo de 2022

EJERCICIO 9 – JUANA - PARA PROFESOR JOSE MANUEL ROMERO SANTOS - Narrador poco fiable. Huecos.

 Ejercicio 9 - Narrador poco fiable. Huecos.

El súper está tranquilo. No hay apenas clientes. El personal va y viene recorriendo los pasillos: la máquina barredora, las reponedoras de las distintas secciones, los encargados de preparar los pedidos de Internet… Un moscardoneo con sordina que va y viene bajo la luz de los fluorescentes y entre los estrechos tubos delimitados por paredes de botes, latas, paquetes y botellas.

Alicia lleva ya tres meses trabajando en el súper. Lo mismo le toca estar en la caja, que en el sótano de suministros. Cada día hace kilómetros arriba y abajo, en un vaivén continuo del almacén al vial de turno y vuelta.

Está reponiendo las bandejas de filetes de lomo de cerdo, de chuletillas del cordero, de hígado de ternera, en el frigorífico segundo del vial uno. Agarra cada paquete como si fuera un bicho que le pudiera morder o manchar y lo deposita en su lugar.

El vigilante Ramos está plantado en el cruce entre el vial dos y el cuatro, con las piernas abiertas y los pulgares en el cinturón rematado con una hebilla de estrella de sheriff.

-Míralo, parece la estatua del coloso. Será creído-. El comentario de Irene le llega a Alicia mientras cruza entre las anchas tiras de goma que hacen las veces de puerta de entrada al almacén de producto empujando el carro ya vacío. 

-No es mal tipo-. Alicia comienza a coger botes de verdura, vainas, coles de Bruselas, guisantes, cardo, acelgas y espinacas. Y luego botes de espárragos de tamaño grande, mediano y pequeño. Y luego botes de tomate frito y de tomate natural. Y con el carro hasta arriba vuelve a salir a la tienda.

Los botes de verdura y de tomate van justo en el cruce donde está parado el vigilante. Alicia se estira todo lo que puede para colocar en las baldas altas los botes de verdura. La bata granate del trabajo y el vestido floreado que lleva hoy se elevan hasta mitad del muslo. Ramos la mira. Alicia se encarama a la escalerita de tres peldaños. Sube con cuatro botes entre las manos, los coloca y baja. Coge otros cuatro botes, los coloca, baja. Ramos no le quita la vista. En un momento, ella gira la cabeza hacia donde está él y las miradas de los dos se cruzan. Dos botes se caen con estrépito al suelo.

- Yo te los alcanzo-. Ramos se acerca rápidamente y se agacha para recoger los botes. Echa una mirada hacia arriba antes de incorporarse con ellos y alargárselos a Alicia-. Toma-. Ramos le roza con el dorso de la mano el ángulo de la rodilla y el muslo. Alicia recoge los botes y se empina para colocarlos en la balda alta, junto a los anteriores.

 A continuación se baja de la escalerita y se aplica a colocar la sal, el azúcar y los palillos en las baldas de más abajo. Al agacharse, la abertura del escote descubre la puntilla que remata el sostén verde pistacho.

En las baldas de arriba coloca los productos más tentadores. En las baldas de abajo los productos más necesarios, la sal, el azúcar, los palillos… En su cabeza, las palabras del encargado: “Esconded un poco las cosas que es obligatorio comprar. A más paseos, más compras”.

-¡Alicia! Ayúdame porfa. No puedo maniobrar con la traspaleta-. Irene le reclama desde  la entrada de tiras de goma del almacén.

Alicia se encamina hacia allí. Al pasar al lado de Ramos, éste le susurra:

-Nos vemos en 15’ en el aseo del fondo del almacén. El que tiene salida a la calle-. Alicia mira hacia el carrito y no dice nada.

 

 

-Ven. Ven. Ven aquí que te enseñe qué rica sabe mi polla-. Ramos le agarra de la cabeza y le hace agacharse. Alicia se arrodilla. Y le chupetea entre la bragueta. Enseguida él le coge por debajo de los brazos, la levanta y la gira como una pluma. Le levanta la falda por detrás y le medio baja las bragas, al tiempo que tantea con su pene en el sexo de Alicia. Primero le roza y le da golpecitos y de repente empuja hasta el fondo. Alicia suelta una exclamación profunda, a medias ahogada. Los dos se balancean apretados, acercando y separando los cuerpos y el jadeo de ambos se acelera al tiempo que su vaivén sincronizado.

 

 - ¿Qué, ya te lo has follado, lagarta?-. Irene le guiña un ojo a Alicia cuando sale del lavabo con la cara arrebolada y ahuecándose el pelo con las dos manos.

 

Alicia llega a casa al final de la jornada. Coloca la llave en la cerradura y abre con lentitud. Dentro, su marido y los dos niños la esperan para la cena. Ella saluda tranquila, dando un beso a los críos y pasando la mano por detrás del cuello de su marido al tiempo que le pregunta:

-¿Qué tal cariño? ¿Has pasado buen día? ¿Te han dado hoy mucha guerra los niños?


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