Ejercicio 9 - Narrador poco fiable. Huecos.
El súper está tranquilo. No hay apenas clientes. El
personal va y viene recorriendo los pasillos: la máquina barredora, las
reponedoras de las distintas secciones, los encargados de preparar los pedidos
de Internet… Un moscardoneo con sordina que va y viene bajo la luz de los
fluorescentes y entre los estrechos tubos delimitados por paredes de botes,
latas, paquetes y botellas.
Alicia lleva ya
tres meses trabajando en el súper. Lo mismo le toca estar en la caja, que en el
sótano de suministros. Cada día hace kilómetros arriba y abajo, en un vaivén
continuo del almacén al vial de turno y vuelta.
Está reponiendo
las bandejas de filetes de lomo de cerdo, de chuletillas del cordero, de hígado
de ternera, en el frigorífico segundo del vial uno. Agarra cada paquete como si
fuera un bicho que le pudiera morder o manchar y lo deposita en su lugar.
El vigilante Ramos
está plantado en el cruce entre el vial dos y el cuatro, con las piernas
abiertas y los pulgares en el cinturón rematado con una hebilla de estrella de
sheriff.
-Míralo, parece la
estatua del coloso. Será creído-. El comentario de Irene le llega a Alicia
mientras cruza entre las anchas tiras de goma que hacen las veces de puerta de
entrada al almacén de producto empujando el carro ya vacío.
-No es mal tipo-.
Alicia comienza a coger botes de verdura, vainas, coles de Bruselas, guisantes,
cardo, acelgas y espinacas. Y luego botes de espárragos de tamaño grande,
mediano y pequeño. Y luego botes de tomate frito y de tomate natural. Y con el
carro hasta arriba vuelve a salir a la tienda.
Los botes de
verdura y de tomate van justo en el cruce donde está parado el vigilante.
Alicia se estira todo lo que puede para colocar en las baldas altas los botes
de verdura. La bata granate del trabajo y el vestido floreado que lleva hoy se
elevan hasta mitad del muslo. Ramos la mira. Alicia se encarama a la escalerita
de tres peldaños. Sube con cuatro botes entre las manos, los coloca y baja.
Coge otros cuatro botes, los coloca, baja. Ramos no le quita la vista. En un
momento, ella gira la cabeza hacia donde está él y las miradas de los dos se
cruzan. Dos botes se caen con estrépito al suelo.
- Yo
te los alcanzo-. Ramos se acerca rápidamente y se agacha para recoger los
botes. Echa una mirada hacia arriba antes de incorporarse con ellos y
alargárselos a Alicia-. Toma-. Ramos le roza con el dorso de la mano el ángulo
de la rodilla y el muslo. Alicia recoge los botes y se empina para colocarlos
en la balda alta, junto a los anteriores.
A
continuación se baja de la escalerita y se aplica a colocar la sal, el azúcar y
los palillos en las baldas de más abajo. Al agacharse, la abertura del escote
descubre la puntilla que remata el sostén verde pistacho.
En las baldas de
arriba coloca los productos más tentadores. En las baldas de abajo los
productos más necesarios, la sal, el azúcar, los palillos… En su cabeza, las
palabras del encargado: “Esconded un poco las cosas que es obligatorio comprar.
A más paseos, más compras”.
-¡Alicia! Ayúdame
porfa. No puedo maniobrar con la traspaleta-. Irene le reclama
desde la entrada de tiras de goma del almacén.
Alicia se encamina
hacia allí. Al pasar al lado de Ramos, éste le susurra:
-Nos vemos en 15’
en el aseo del fondo del almacén. El que tiene salida a la calle-. Alicia mira
hacia el carrito y no dice nada.
-Ven. Ven. Ven
aquí que te enseñe qué rica sabe mi polla-. Ramos le agarra de la cabeza y le
hace agacharse. Alicia se arrodilla. Y le chupetea entre la bragueta. Enseguida
él le coge por debajo de los brazos, la levanta y la gira como una pluma. Le
levanta la falda por detrás y le medio baja las bragas, al tiempo que tantea
con su pene en el sexo de Alicia. Primero le roza y le da golpecitos y de
repente empuja hasta el fondo. Alicia suelta una exclamación profunda, a medias
ahogada. Los dos se balancean apretados, acercando y separando los cuerpos y el
jadeo de ambos se acelera al tiempo que su vaivén sincronizado.
- ¿Qué,
ya te lo has follado, lagarta?-. Irene le guiña un ojo a Alicia cuando sale del
lavabo con la cara arrebolada y ahuecándose el pelo con las dos manos.
Alicia llega a
casa al final de la jornada. Coloca la llave en la cerradura y abre con
lentitud. Dentro, su marido y los dos niños la esperan para la cena. Ella
saluda tranquila, dando un beso a los críos y pasando la mano por detrás del
cuello de su marido al tiempo que le pregunta:
-¿Qué tal cariño? ¿Has pasado buen día? ¿Te han
dado hoy mucha guerra los niños?
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