lunes, 23 de mayo de 2022

EJERCICIO 8B ) RELATO MUNDOS PARALELOS Aurora Palomo

EJERCICIO 8 B ) UNIVERSOS PARALELOS  Aurora Palomo




DONDE RESIDE EL ALMA


Otro día con el dolor del maldito colmillo de leche. Desde que el primer dentista al que fue Andrea y le dijera lo que era, cada cierto tiempo le molesta, se toma un comprimido para el dolor que le lleva a otro mundo, a otra vida y se despierta con un sudor frío, el corazón alerta y el miedo en la garganta. En el otro mundo estaba con su madre que le sonreía y le acercaba un trocito de chocolate a la boca. Escuchamos pasos secos detrás de la puerta y mi madre con un movimiento me indicó que subiera y me escondiera.


   Andrea estaba vistiéndose con esmero, hoy iba a ver a Jorge, el dentista que le había recomendado su amiga. Tenía cita en su consulta para que le aconsejara que hacer con el colmillo de leche que aún formaban parte de sus dientes, a ver si una vez por todas podía  romper el canal con ese otro mundo en el que vivía cuando le dolía. Cada vez que tomaba un calmante,  perdía el conocimiento y volvía al otro mundo, gris y sucio, en un barracón sórdido, llenos de personas  con harapos, que emitían un tufo pestilente  que lo impregnaba todo.


Mirándose al espejo, vio una imagen muy agradable, maquillaje suave, sonrisa fresca, ojos grises brillantes, con melena corta que le enmarcaba la cara. Con un movimiento de cabeza se dio el visto bueno para la cita.

A las doce del mediodía estaba sentada en el sillón del dentista, sonrisas y más sonrisas entre ellos. Se sentía acogida. En la radiografía aparecía un colmillo adulto que estaba acostado en el cielo de la boca. 

—Hay que operar—dijo Jorge—el colmillo puede causarte una infección. Me han anulado la cita próxima, ahora puedo hacerlo, será una hora.

Andrea sorprendida no sabía que contestar, suspiró con fuerza y dijo:—Vale, estoy preparada.


Jorge comienza a pincharle la anestesia en el paladar, con cada pinchazo le inyecta un poco más del anestésico. De pronto Andrea empieza a marearse, le sale la voz muy lejana ¿Dónde estoy? ¿Que me pasa? Y se desmaya.




Entre oscuridades en uno de los barracones del campo de concentración, Andrea  se esconde, es de noche, en lo alto de las literas muy al fondo se oculta, recuerda que esto fue lo último que le dijo su madre “Escóndete bien tapada, que no te vea nadie, ni soldados ni presos”. Todos los días cuando todos los prisioneros están fuera trabajando, baja, se despeja y desahoga sus tripas. Este día ha sido imposible la bajada, había redada entre barracones. De madrugada, ya no puede más, necesita hacer pis. Baja sigilosamente por los costados de las camas. Escucha, todo en silencio. Cuando por fin llega al cubo la agarran por los hombros y en volandas se la llevan del barracón donde ha estado escondida desde que se llevaron a su madre a las duchas.

    En el exterior mira las estrellas en lo alto, la brisa fresca le acaricia la cara. Comienza a estremecerse, sabe dónde la llevan, poco a poco van acercándose a la clínica del doctor. Solo quiere personas jóvenes para sus experimentos y allí queda de pie con  los zapatos mojados.

En una camilla la colocan, amarrada  de pies y manos, otras camillas con jóvenes están en fila antes que ella. Un hombre con cara sonriente y una  bata blanca se acerca. Andrea comienza a moverse y grita, grita con todas sus fuerzas, el hombre la acaricia la cara:—No temas, serás un instrumento de la ciencia, por ti sabremos dónde reside el alma.

Indica con un movimiento a sus ayudantes que la lleven a la sala y le sostengan la cabeza con los amarres de cuero.  

Le pincha en el paladar. Le hace un agujero y con unas pinzas largas comienza a introducirlas en el cerebro hasta conseguir extraer materia gris, como hacían en el antiguo Egipto a los muertos, e intenta  extraer la glándula pineal. Andrea convulsiona en la camilla y deja de respirar.


Jorge intenta despertar a Andrea, no lo consigue, la respiración cada vez más lenta, casi no se le nota y deja de respirar. Ordena llamar al 061. Coloca la camilla en horizontal y  comienza a realizarle  el boca a boca. El corazón de Andrea también se para, dándole masaje cardiaco y el boca a boca llega el médico de urgencia con su equipo y consiguen recuperar a Andrea, que abre los ojos y mira con espanto a su alrededor. —“Creía que estaba muerta”. Llora, gime y dice con palabras entrecortadas:—Me horroriza  y tengo  miedo de lo que ocurre en el otro mundo. 


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