Excusa perfecta
Me presento ante ustedes, para dar una respuesta creíble y
verosímil, sobre mi ausencia en la última reunión y así quitar, posibles
malentendidos de una falta premeditada y sin motivo aparente, por lo cual paso
a relatarles.
Me dirigía como cualquier otro sábado, zigzagueando por la avenida en dirección al
centro de reunión, con las manos en los bolsillos y aspecto despreocupado,
fruto de la noche anterior, aún me resuenan las múltiples llamadas a los
camareros (pues logre con exito juntar la noche y el amanecer en una ligera franja horaria).
Pasando por un casino, un delicioso olor a café me invito a
visitar su interior. Busque un lugar tranquilo, donde disfrutar de un té y unos
deliciosos pasteles y así espolear mi estado de ánimo. Ya sentado llame a unos
de los camareros que no paraba de dar vueltas y al instante tenía sobre mi mesa
ese té rojo que tanto me apasiona, más
un baturrillo de dulces de crema y
magdalenas recién hechas, cuando conseguí apurarlas. la tranquilidad y el sosiego
me abordaron. Cuando alguien de imprevisto toco mi espalda, volví la cara y
allí estaba, una mujer rubia de pocas
palabras, seria y todo su afán consistía en invitarme a seguirla fuera del bar.
Todo ello lo quería conseguir con un sutil movimiento del dedo índice y sin explicarme el por qué, así lo hice. Ya en la calle no pare de
seguirla, no sin volver la cara hacía mí y seguir invitándome a seguirla, con
esa preciosa mirada. Por fin se detuvo, haciéndolo coincidir con otro señor vestido con una bata blanca y
aspecto inteligente, que se dirigía a nuestro encuentro. Me explicaron los dos de su
necesidad sobre mí, se trataban de dos científicos, que llevaban la cura de la peligrosa enfermedad que nos
asola estos días y observaron en mí,
cualidades para trasladar los documentos a su embajada; ya que los habían
descubierto unos espías de una potencia extrajera y me pidieron que yo debía de llevar esos
escritos. Escondí las formulas secretas
entre mis trabajos de clase, comenzando
mi ruta al lugar donde me habían indicado, para culminar con éxito tan
increíble e insólita empresa. Levante el
cuello de mi abrigo para intentar esconderme y no ser visto y agache la cabeza
cerrando momentáneamente los ojos, envestí con paso firme el reto encomendado.
Pero el miedo me invadía, toda persona que se cruzaba la veía
sospechosa y pensaba que robarían mi tesoro, las ventanas se habrían, viendo yo
en todo momento enemigos invisibles y a la vez deseaba terminar esta intranquilidad. Y por fin la
embajada. Reconocí dos espías, los cuales me habían explicado su aspecto mis
recientes amigos, puse cara de despistado, apreté el paso y rozando a la vez
que los hacía caer, a eso dos matones debido a mi ímpetu, “puff “por fin
dentro. Nadie me detuvo, nadie me pregunto y tampoco nadie me miro, por lo que busque al embajador recorriendo los múltiples
pasillos del edificio. Lo encontré saliendo de una estancia, conforme me acercaba iba alargando la mano para acabar esta agónica empresa y
recoger la miel de mi azaña, solo tenía que darle esos codiciados papeles, alarga él
también la suya para cogerlos y contribuir a mi esfuerzo. Se iba producir el
contacto, el final de todo, la glorificación, pero alguien toco mi hombro, pero Alfonso aún sigues aquí la reunión ha terminado hace horas
Y para concluir que les puedo
explicar a ustedes, que falte ese día porque tuve que salvar al mundo; o por lo
contrario me dormí en un bar víctima de una noche de diversión. Sean benévolos y Juzguen ustedes los hechos
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