lunes, 16 de mayo de 2022

EJERCICIO 7B Andrea Sanz

DERMOTILOMANÍA

 Sé perfectamente lo que hago. Hace siete días que me quemé en la playa y ahora me arranco la piel a tiras, que se despega con una suavidad deliciosa de la capa siguiente. No, de verdad que no duele nada. Y, el hecho es que levantarte la piel tampoco da gusto. Realmente no sientes nada mientras se despega. Pero el placer es brutal. Coges un pequeño borde levantado, vas tirando y deseando que la parte despegada aumente y que no se rompa y que nunca llegues a la zona de piel no quemada. Pero esa zona llega y te quedas con el trozo de piel en la mano y, casi, tienes ganas de llorar y tienes que volver, inmediatamente, a buscar otro trozo de piel quemada que puedas arrancar. De un momento a otro llegará mi madre y me llamará guarra por tener delante un cenicero lleno de toda la piel arrancada y me mandará a ponerme crema sobre toda la piel afectada. Pero lo siento, no podré obedecerla. Si quiere que todos esos pellejos desaparezcan de su vista, tendrá que vaciar ella misma el cenicero. Yo no he vuelto a hacerlo desde la noche que vi por última vez a mi hermana mayor. Ella, ese día, se había despellejado los talones de los pies más que nunca, tanto que se había hecho sangre en varios sitios.  Así pues, que vacíe mi madre el cenicero o que mañana lo haga la asistenta. Yo me voy a la cama, no me dé también a mí por empezar con los pies y, entonces, a mi madre le da un patatús.

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