Dos señores se chocan en la puerta al ir a entrar en el mismo
vagón del tren.
UNO.- Perdone. Pase usted primero, por favor.
OTRO.- No, no. Usted.
UNO.- Por favor, usted, usted.
OTRO.- Le he dicho que pase usted.
UNO.- Y yo le he dicho que por favor.
OTRO.- Es que me va a privar usted del placer de ser amable
y de cederle el paso.
UNO.- Hay que ser muy egoísta.
OTRO.- Hay que ser muy tirano para imponerse a otro.
UNO.- Hay que ser muy imbécil para querer ganarme por las bravas.
OTRO.- Hay que ser una mierda para enzarzarse en una
conversación tan estúpida.
UNO.- ¿Pues sabe qué? ¡Que se vaya a la porra! Ya no le cedo
el paso.
OTRO.- ¿Pues sabe qué? ¡Que se lo ha creído! Ni hablar.
Ahora paso yo.
UNO.- Ande y quítese de ahí.
DOS.- Ande y que le ondulen, que voy yo.
UNO.- ¡Uuuupppp! Apártese. Yo estaba primero.
OTRO.- ¡Uuuupppp! Pero me cedió el paso, así que ahora voy
yo primero. Hágase a un lado.
UNO.- ¡Uuuupppp! ¡Socorro! ¡Ayuda!
OTRO.- ¡Uuuupppp! ¡Pedazo alcornoque, chimpancé, orangután!
UNO.- ¡Qué fastidio y qué rabia y qué humillación! Tropezar
con un ser humano tan filibustero.
OTRO.- ¡Qué fastidio y qué rabia y qué humillación! Tener
que aguantar un ser vivo tan inmundo.
UNO.- Con individuos así el mundo se va al carajo.
OTRO.- Con esperpentos como usted empiezan las guerras.
UNO.- Yo me bajo. Creo que va a arrancar el tren. En realidad
sólo quería echar un vistazo al vagón. ¡Ahí se queda usted!
OTRO.- Ni hablar. Si usted se baja, yo también.
UNO.- Estupendo. Asunto resuelto. ¿Le apetece un café?
OTRO.- Oh, sí. Encantado.
UNO.- Muy bien. Yo invito.
OTRO.- Ni hablar. Invito yo.
(Embistiéndose con la frente uno contra otro, como los
ciervos).
UNO.- Yo, yo, yo, yo.
OTRO.- Yo, yo, yo, yo.
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