Infierno al amanecer
El infierno
no quiso ausentarse de aquella noche del ocho de mayo de 1945, la ciento once división americana les tenía cercados. Eran
una pequeña compañía alemana mermada por las bajas, descansando sobre las
escuetas trincheras cavadas con la ayuda de los obuses caídos la noche anterior.
La humedad hiela nuestros huesos, nadie se queja todos asienten con su mirada,
saben que en cuestión de minutos el enemigo vendrá con todo lo que tienen.
Wolf
apareció de improviso y salto sobre la trinchera, como si le fuese la vida en
ello, al tiempo que gritaba.
-“ya están aquí” “ya están aquí
La artillería, hizo su aparición con
dureza, todos besaron el fondo de la trinchera. Wolf seguía gritando, un nazi
empedernido, su padre era capitán de la
SS. La tarde se recrudeció, el aire se
hacía irrespirable los pulmones se quemaban por los gases de las explosiones
.- Artillería de carros de combate. -volvió
a gritar Wolf.
Todos abandonaron sus posiciones en
dirección a retaguardia. Herman perseguía a
Kalb en su desesperada huida, el resto de los componentes de la patrulla
habían desaparecido. No sabían si irían delante o detrás de ellos, o por el
contrario yacían en el suelo, para engordar la lista de esta endemoniada
guerra.
Llevaban horas buscando las
posiciones de retaguardia y sin encontrarlas. Kalb, con el resuello algo
acelerado hizo parar a su compañero.
– No existe rastro de la brigada,
¿Dónde están? -Preguntaba Kalb en voz entrecortada.
Los dos soldados decidieron sentarse
en un tronco, de un árbol caído por el impacto de un obús.
Kalb recostado sobre el tronco,
pensaba en su hijo que aún no había conocido, llevaba dos años en el frente y
no paraba de recordar al pequeño rubito de ojos azules y piel blanca tal y como
se lo había descrito su mujer Eva, en una carta que le mando hace siete meses.
Herman el pelirrojo, como suelen
llamarle en la patrulla, presume de medir
más de dos metros, le Pregunta a Kalb
-¿Y ahora hacia donde nos dirigimos?
Se hacen el silencio y pasan unos
minutos, y con una voz muy pausada Kalb le contesta
–tu no sé lo que haras, pero yo llevo pensando
que tal vez no pueda ver al pequeño Kalb y a mi querida Eva, voy a desertar. ¿Me
lo vas a impedir Herman?
-No podría impedírtelo Kalb prometí a tu mujer cuidar de ti, eres mi
única familia, toda mi familia pereció en un bombardeo como sabes –contesta Herman
mirando a los ojos a Kalb.
Dejaron pasar la noche, el intenso
bombardeo hizo una tregua y decidieron dirigirse hacia Hielsen ciudad donde
vivía Kalb en una granja a las afueras.
El trayecto fue tranquilo no
abandonaron la zona boscosa sumado a una cierta suerte no se encontraron con soldados de la Berman.
Cerca de Hielsen, Kalb manda detenerse a Herman y le hace de
agacharse.
-mira Herman tras aquella loma esta
mi graja, debemos coger ese riachuelo y tal vez lleguemos sin ser vistos- dijo
Kalb.
El trayecto resulto ser corto, y tras
pasar unos matorrales a cien metros se encontraba la granja de kalb. Parecía
deshabitada se acercaron con sigilo descubrieron la puerta abierta y entraron
en el interior, la mesa estaba puesta y unas ratas se estaban dando un festín
con un trozo de pan que aún quedaba. Kalb contrariado por perder la oportunidad
de ver a su familia golpeo con la culata al roedor.
Decidieron salir de la casa y por
sorpresa escuchan varios gritos
– “tirar las armas” “tirar las armas” –gritaban varios soldados
americanos, con un alemán muy primario y a la vez apuntaban con sus armas. Contrariados los dos soldados alemanes pusieron sus manos
sobre la cabeza y atándoles sus manos les hicieron caminar.
Durante el trayecto uno de los
soldados americanos dirigiéndose a los soldados alemanes.
–Alemanes la guerra ha terminado vuestro führer ha muerto y el ejército se ha rendido. Los
dos soldados se miraron entre ellos, sin saber que decirse mientras eran
conducidos al centro de la ciudad.
Kalb y Herman, fueron introducidos en una cerca de madera,
donde se hacinaban más soldados alemanes. La cara del resto de soldados era de
derrota y sus miradas se perdían en el
infinito.
Herman, coge con fuerza a su amigo
Kalb y señalando con el dedo lo hace dirigir hacia un rincón, yacía su
compañero de armas, herido pero vivo, se trataba de Wolf.
-Wolf te creíamos muerto ¿Cómo escapaste del bombardeo? –pregunta Kalb.
–Sabéis que tengo un ángel de la guarda, justo al lado de mi cayo una
granada, pero no exploto y enseguida me apresaron. Las heridas son de un
soldado americano que no le tuve que caer muy bien, mientras me conducían hacia
aquí.
Se quedaron los tres mirando como
llegaba varios camiones, llenos de gente que tras para, descendieron. Kalb dirigiendo
la mirada hacia una mujer y su hijo en brazos, quiso distinguir a Eva y al
pequeño Kalb. Kalb salto la valla y se dirigió hacia ellos. Un soldado
americano grita –alto, alto, a la vez que disparaba. El cuerpo de Kalb rueda y
cae sobre los pies de su familia.
Todos los prisioneros observaron cómo Kalb yace en el suelo mientras Eva lo coge con sus
manos y alguien a lo lejos grita “la guerra ha terminado nueve de mayo de 1945”.
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