lunes, 23 de mayo de 2022

ejercicio 5b 2 alfonso relato final

 

 Infierno al amanecer

 

El infierno no quiso ausentarse de aquella noche del ocho de mayo de 1945, la ciento once división americana les tenía cercados. Eran una pequeña compañía alemana mermada por las bajas, descansando sobre las escuetas trincheras cavadas con la ayuda de los obuses caídos la noche anterior. La humedad hiela nuestros huesos, nadie se queja todos asienten con su mirada, saben que en cuestión de minutos el enemigo vendrá con todo lo que tienen.

Wolf apareció de improviso y salto sobre la trinchera, como si le fuese la vida en ello, al tiempo que gritaba.

    -“ya están aquí” “ya están aquí

La artillería, hizo su aparición con dureza, todos besaron el fondo de la trinchera. Wolf seguía gritando, un nazi empedernido, su padre era   capitán de la SS. La tarde se  recrudeció, el aire se hacía irrespirable los pulmones se quemaban por los gases de las explosiones

.- Artillería de carros de combate. -volvió a gritar Wolf.

Todos abandonaron sus posiciones en dirección a retaguardia. Herman perseguía a  Kalb en su desesperada huida, el resto de los componentes de la patrulla habían desaparecido. No sabían si irían delante o detrás de ellos, o por el contrario yacían en el suelo, para engordar la lista de esta endemoniada guerra.

Llevaban horas buscando las posiciones de retaguardia y sin encontrarlas. Kalb, con el resuello algo acelerado hizo parar a su compañero.

     – No existe rastro de la brigada, ¿Dónde están? -Preguntaba Kalb en voz entrecortada.

Los dos soldados decidieron sentarse en un tronco, de un árbol caído por el impacto de un obús.

Kalb recostado sobre el tronco, pensaba en su hijo que aún no había conocido, llevaba dos años en el frente y no paraba de recordar al pequeño rubito de ojos azules y piel blanca tal y como se lo había descrito su mujer Eva, en una carta que le mando hace siete meses.

Herman el pelirrojo, como suelen llamarle en la patrulla, presume de medir  más de dos metros, le Pregunta a Kalb

-¿Y ahora hacia donde nos dirigimos?

Se hacen el silencio y pasan unos minutos, y con una voz muy pausada Kalb le contesta

 –tu no sé lo que haras, pero yo llevo pensando que tal vez no pueda ver al pequeño Kalb y a mi querida Eva, voy a desertar. ¿Me lo vas a impedir Herman?

   -No podría impedírtelo Kalb prometí a tu mujer cuidar de ti, eres mi única familia, toda mi familia pereció en un bombardeo como sabes –contesta Herman mirando a los ojos a Kalb.

Dejaron pasar la noche, el intenso bombardeo hizo una tregua y decidieron dirigirse hacia Hielsen ciudad donde vivía Kalb en una granja a las afueras.

El trayecto fue tranquilo no abandonaron la zona boscosa sumado a una cierta suerte no se encontraron con  soldados de la Berman.  

Cerca de Hielsen,  Kalb manda detenerse a Herman y le hace de agacharse.

-mira Herman tras aquella loma esta mi graja, debemos coger ese riachuelo y tal vez lleguemos sin ser vistos- dijo Kalb.

El trayecto resulto ser corto, y tras pasar unos matorrales a cien metros se encontraba la granja de kalb. Parecía deshabitada se acercaron con sigilo descubrieron la puerta abierta y entraron en el interior, la mesa estaba puesta y unas ratas se estaban dando un festín con un trozo de pan que aún quedaba. Kalb contrariado por perder la oportunidad de ver a su familia golpeo con la culata al roedor.

Decidieron salir de la casa y por sorpresa escuchan varios gritos

    – “tirar las armas” “tirar las armas” –gritaban varios soldados americanos, con un alemán muy primario y a la vez apuntaban con sus armas.  Contrariados  los dos soldados alemanes pusieron sus manos sobre la cabeza y atándoles sus manos les hicieron caminar.

Durante el trayecto uno de los soldados americanos dirigiéndose a los soldados alemanes.

     –Alemanes la guerra ha terminado vuestro führer  ha muerto y el ejército se ha rendido. Los dos soldados se miraron entre ellos, sin saber que decirse mientras eran conducidos al centro de la ciudad.

Kalb y Herman,  fueron introducidos en una cerca de madera, donde se hacinaban más soldados alemanes. La cara del resto de soldados era de derrota y sus miradas se perdían  en el infinito.

Herman, coge con fuerza a su amigo Kalb y señalando con el dedo lo hace dirigir hacia un rincón, yacía su compañero de armas, herido pero vivo, se trataba de Wolf.

    -Wolf te creíamos muerto ¿Cómo escapaste del bombardeo? –pregunta Kalb.

    –Sabéis que tengo un ángel de la guarda, justo al lado de mi cayo una granada, pero no exploto y enseguida me apresaron. Las heridas son de un soldado americano que no le tuve que caer muy bien, mientras me conducían hacia aquí.

Se quedaron los tres mirando como llegaba varios camiones, llenos de gente que tras para, descendieron. Kalb dirigiendo la mirada hacia una mujer y su hijo en brazos, quiso distinguir a Eva y al pequeño Kalb. Kalb salto la valla y se dirigió hacia ellos. Un soldado americano grita –alto, alto, a la vez que disparaba. El cuerpo de Kalb rueda y cae sobre los pies de su familia.

Todos los prisioneros observaron  cómo Kalb  yace en el suelo mientras Eva lo coge con sus manos y alguien a lo lejos grita “la guerra ha terminado  nueve de mayo de 1945”.

 

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