EJERCICIO 5C) COMIENZO DE RELATO NOTICIERO Aurora Palomo
MATÍAS
Lola, después de veinte años, puso dirección al barrio que la vio nacer. Iba conduciendo su Citroen , en el primer semáforo el coche se caló, la llave no hacia contacto, por fin ronroneó. En el ceda el paso de dos calles más allá se volvió a calar. Durante tres minutos el motor no arrancó. Lola se mordía los labios y se mesaba un mechón de su cabello. En el quinto intento se puso en marcha de nuevo. Unos chavales que estaban sentados en la puerta del bar la aplaudieron cuando lo consiguió. El coche empezó a oler a quemado. Despacio pudo llegar al taller del barrio, el dueño era amigo de su hermano Alberto. Estaba cerca del piso de su madre donde había quedado con todos los hermanos.
Cuando llegó ya estaba allí Julia, la hermana mayor, que la miró con el rictus habitual de los labios, de estar perdonándote la vida. Con un movimiento de cabeza se dieron por saludadas. Tres minutos después apareció Juan, el pequeño que con treinta y ocho años seguía siendo el pequeño, aunque estuviera calvo. A los quince minutos llegó Alberto con su flema y tranquilidad. Era la primera vez que se encontraban después del entierro de su madre. Tenían que desmontar el piso donde su madre había vivido cuarenta años. Todos habían salido a la vida desde este nido.
Cada uno se fue a una habitación. Lola comenzó a clasificar la ropa, vestidos, abrigos, para donarlos o regalarlos. Al fondo del armario encontró una caja de metal de chocolatinas de la Despensa de Palacio, la abrió y dentro había una serie de cartas y en una de ellas que estaba cerrada escrito con la letra de su madre <<Entregar a Matías>>. Llamó a sus hermanos, se sentaron y leyeron las cartas, nueve en total. Descubrieron una vida ajena a ellos, cuando su madre enviudó.
Las cartas hablaban de ese año que ellos, cuando murió su padre, siendo adolescentes, estuvieron al cuidado de su tía, la hermana de su madre, mientras ella estuvo recluida en el sanatorio psiquiátrico. Allí había conocido a la persona que le había escrito esas cartas y la relación amorosa que habían tenido en secreto.
Julia y Juan se mostraron ofendidos y enfadados con lo que estaban descubriendo, Lola estaba entusiasmada al conocer otras facetas de ahora su misteriosa madre y Alberto con su serenidad puso el punto de equilibrio y tranquilidad.
En la caja había también un pequeño dije de plata que se abría y dentro la foto de su madre con un hombre sonriendo felices en un lado y al otro una foto de un bebé.
—¿Recordáis algo de ese tiempo?—pregunto Julia—A mí me enviaron a Bilbao con la abuela.
—Solo recuerdo que la notaba feliz, cuando íbamos a visitarla, a pesar de estar recluida—dijo Alberto.
—Lola, tú dormías con ella cuando le dieron el alta.¿Notaste algo raro?—le pregunto Juan.
—Lo único que recuerdo es que siempre estaba atenta al cartero—dijo Lola—pero nunca le vi una carta en las manos.
—Bueno, pues parece que tenemos un hermano y la orden de mamá de encontrarlo para entregarle las cartas—les convino Alberto
Ni Julia ni Juan quisieron hacerlo. Dijeron que primero había que desalojar la casa de todos los objetos, muebles, ropas y otras cosas. Que ellos no buscarían a nadie.
Lola y Alberto decidieron que cuando terminaran de vaciar la casa se dedicarían a investigar y encontrar a ese Matías que habían acabado de saber de él, para que su madre descansara en paz.
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