COMIENZO BAR
VER, PERO NO VER
Entonces, a principios de los ochenta, la policía era nuestro enemigo natural. Nos aporreaban en las manifestaciones, nos pedían los papeles, nos registraban a punta de metralleta y nos detenían por política o por cualquier otro asunto. Solíamos decir “de azul, de gris o de marrón un cabrón es un cabrón”, pero los que más miedo nos daban eran los de la Guardia Civil. Hacían controles en carreteras solitarias donde sin testigos podía pasar de todo. Por eso mis amigos se alarmaron tanto cuando les conté que en la pequeña ikastola de pueblo donde había empezado a trabajar la mitad de mis alumnos de preescolar eran niños del cuartel.
Las ikastolas eran cooperativas de enseñanza creadas por padres que querían que sus hijos se educasen en euskera. El último sitio donde podías imaginar encontrar a alguien relacionado con la Guardia Civil. Solían vivir encerrados en las casas cuartel con sus familias porque ser policía o familiar en el País Vasco, en aquella época, era una profesión de alto riesgo y como pronto pude saber, de mucho sufrimiento.
COMIENZO DESFILE DE MODELOS
UN TRABAJO EN LA HABANA
Cuando llegó a La Habana por primera vez, un bofetón de calor húmedo le sacudió el cuerpo. Arrastró la pequeña maleta de ruedas por la pasarela de madera bordeada de plantas tropicales y se enfrentó a los funcionarios de aduanas con relativa tranquilidad. El taxi era un viejo Lada de color indefinido con los asientos forrados de peluche y las ventanillas impracticables. El chofer, un cubano vestido con una guayabera blanca de manga larga, lo condujo en silencio al hotel Inglaterra frente al Parque Central, cerca de La Habana Vieja. Había reservado una habitación individual de las más baratas. Tenía una pequeña ventana interior y un baño escaso. Los muebles querían parecer de época y la cama estaba muy baqueteada. Dejó la maleta sin abrir y bajó a la terraza del hotel en el paseo Martí. Allí, protegido por unas celosías blancas se tomó un mojito aguado. Unos cantantes callejeros empezaron a cantar aquella de “aquí se queda la clara, la entrañable transparencia de tu querida presencia Comandante Che Guevara…” Suspiró emocionado. Luego sacó el móvil para mandar a su jefe el mensaje que confirmaba su llegada: “He llegado sin novedades. Mañana empiezo.”
COMIENZO CINE
ESCAPADA DE FIN DE SEMANA
A través del parabrisas, al final de la negra carretera se divisaba en la lejanía la sierra, con las cumbres todavía nevadas. Las manos sobre el volante lo sujetaban con delicadeza. Tomaba las curvas con precisión. Llevaba gafas de sol y una cinta le sujetaba el pelo. A su lado dormitaba Manuel aferrado a las muletas que llevaba entre las piernas.
COMIENZO CANCIÓN DE VERANO
EL ÚLTIMO BAR
Han cerrado el Bodegón. Cincuenta años de historias. Allí nos enamoramos de la revolución, nos emborrachamos de sexo, luchamos por el amor. Allí bailamos, aullamos y arreglamos el mundo para luego destrozarlo, ignorarlo y olvidarlo. Allí vivimos alegres, tristes, enojados, resignados, orgullosos y humillados. Allí celebramos los nacimientos y brindamos por los caídos. Su cierre es la profecía del final para muchos, también para mí. En aquella barra.
COMIENZO NOTICIA
EL ADN
Ayer fue el funeral de Pascasio. Solo tenía 18 años. Nació en Malpartida de Caceres y vino aquí con dos años. Vivía con sus padres en las casas baratas del barrio de Abechuco. Yo lo conocí en la pista de autos de choque que ponen en el solar de la panificadora y tengo la culpa de todo. Mi madre dice que no, que es la maldición de las mujeres de mi familia, que tenemos esa debilidad, que es el ADN, la herencia genética y más cosas así, pero yo sé que la culpa es mía.
Sorprendentes todos, Amelia. Buenísimos... ¡Los tienes que acabar!
ResponderEliminar