SER MUJER
Una chica está en un banco de una
calle. Llega LUISA precipitada y casi sin aliento y se sienta con ella.
LUISA. —¡Que vengo a decirte una cosa! (dice muy
emocionada y con un leve jadeo)
MARÍA. —Suéltalo ya, que te va a dar algo.
LUISA. — No, si… ya sabes, … algo
que estamos esperando. (Baja la voz) Que me ha venido, que ya soy mujer.
MARÍA. —Sí, mujer, eso es lo que eres ya con doce
años. (María le pasa el brazo por los hombros a LUISA)
LUISA. —Me ha venido así, de repente, como si un
ángel te visitara.
MARÍA. —No sé nada de eso, pero que venga un ángel
debe ser hermoso.
LUISA. —Ni me ha dolido ni nada. Ha sido hermoso.
MARÍA. — Sí, mancharse las bragas de sangre es
hermoso.
LUISA. —Tienes que desearlo mucho y pedirlo,
pedirlo todas las noches antes de dormirte. Así: Dios, quiero hacerme mujer,
quiero ser mujer. Así es como me ha ocurrido.
MARÍA. — Pues yo no lo hice así. Primero me crecieron
las tetas y después me bajó el periodo.
LUISA. —Sí, así es, pero también hay que desearlo.
Es como desear que Manolo me diga que me quiere, pero esto es más profundo.
Esto es tuyo, es privado, es que ya puedes tener niños.
MARÍA. — ¿Se lo has dicho a tu madre?
LUISA. —Sí, y me ha dicho que a partir de ahora no
juegue con los niños, que los niños solo buscan lo que buscan y que eso no
puede ser. Que mi tesoro no puedo dárselo a nadie.
MARÍA. —Claro, a nadie hasta que te cases … porque
nosotras no buscamos nada, nosotras no deseamos nada. Son ellos, los niños, los
que desean besarnos y tocarnos. Nosotras no, nada de nada.
LUISA. —No sé si decírselo a Manolo, para que
entienda que ya no podemos vernos en el recreo y besarnos en los servicios de
las niñas.
MARÍA. — Claro, tienes que decírselo. Dile que tú
tienes un tesoro en un cofre y que la llave la tiene tu madre. Él lo entenderá.
LUISA. —Eso haré. Pero, la verdad, no quiero dejar
de verlo.
MARÍA. —Si no tienes que dejar de verlo, tontita.
Es solo que ahora debes tener cuidado.
LUISA. — Cuidado, ¿de qué? Dime, que tú tienes dos
años más que yo y sabes más. Eso me dice mi madre.
MARÍA. —Tu madre…siempre tan lista, que sabe qué
decirte en todo momento. Según ella yo soy la lista.
LUISA. — Sí, y dice que eres muy buena y que
cuidarás de mí.
MARÍA. —Sí, sí. Lista soy yo. Y tu madre requetelista.
LUISA. — Dime, ¿de qué tengo yo que tener cuidado?
MARÍA. — Pues de eso, de no perder la llave de tu
tesoro. Y que si alguien te la pide que vengas corriendo a decírmelo.
LUISA. —¡Qué lista y buena eres! ¡Lo sabes todo! Mi
madre siempre me lo dice. (y la abraza)
Las madres son muy listas, sobre todo guardando el tesoro. jajajaja
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