viernes, 15 de abril de 2022

Ejercicio 2B - Iluminada

 

Iluminada

Ejercicio 2 B – Opción B1

 

Atardecer en la mañana


(En el escenario hay una cocina con una mesa en el centro).

(Personajes: CLARA Y GREGORIO, los dos están en la cincuentena)

        

(CLARA, entra con el pelo algo revuelto, recién levantada, con un camisón descolorido, arrastrando las chinelas con gesto perezoso. GREGORIO – GOYO, está sentado a la mesa con una taza de café y leyendo el periódico.)

(GREGORIO al oír que llega CLARA pregunta sin levantar la vista del periódico)

GREGORIO. —¿Qué tal has dormido?

CLARA. —Pues ni sé qué decirte… ¿Tú qué tal? Te veo bien dispuesto y, veo también, que has madrugado, preparado tu desayuno y te has traído tu periódico… (habla poniendo énfasis en el tú)

GREGORIO. — Pues sí, la verdad es que estoy la mar de bien. He dormido como un tronco. En cambio, a ti te veo ojerosa; vaya camisón más viejo que llevas, por cierto. Ya sé que te da igual mi opinión, pero debías hacerlo por ti misma. Cuando uno se cuida se siente mejor. No es por criticar, créeme, no es continuar con lo de ayer…

(CLARA pasa de caminar por la cocina colocando alguna cosa, cogiendo el café para prepararse el desayuno, … a sentarse frente a GREGORIO con una taza, se echa azúcar y remueve con la cucharilla)

CLARA. — No será por lo de ayer, pero bien que lo parece. Y para tu información este camisón me lo regalaste tú y aunque viejo es muy bonito, me resulta cómodo y le tengo cariño.

GREGORIO. — Lo del cariño está bien… cariño (lo dice con rintintin), pero te lo regalé cuando una camisola con Minnie mirando con coquetería resultaba pícaro, como de Lolita, pero…

CLARA. —Pero ¿qué? ¿Qué? ¿eh? ¿Ya no pega, es eso? ¿Que entonces estábamos en la treintena y todo te resultaba pícaro? ¿Es eso? ¡Di!

GREGORIO. —¿Qué me quieres decir con que entonces todo me resultaba pícaro?

CLARA. — Ahora no te ofendas Gregorio que has empezado tú con el camisón.

GREGORIO. —¡Vaya!!! Gregorio me llamas, en vez de Goyi… Eso sí que es una pista clara. Tu enfado va en aumento.

CLARA. — ¡Pues sí! va en aumento al ver que te haces el duro, que nada te perturba, que yo soy la que está desfasada, que no incentiva tus deseos, … sí estoy cabreada y no pegué ojo por eso, ¡que lo sepas! ¡Yo al menos no te doy golpes bajos!

GREGORIO. —¡¿Que no me das golpes bajos!? ¡¡¡Clara Isabel González de Campos!!! ¡¿Que no me das golpes bajos?! Desde cuando a un marido, que se ha deslomado toda la vida por complacerte, decirle que anda “flojucho demasiadas veces” y que ya no te subo la moral porque prevés la frustración y estás harta de frustraciones, ¿Desde cuándo eso no es un golpe en la línea de flotación? ¡Tu comentario no fue precisamente muy amable… y no digamos el tono, que eso no te lo voy a imitar!

CLARA. —(Con tono serio, de enfado) - ¡No dramatices Gregorio! Acuérdate de cómo empezó todo.

GREGORIO. —¡Venga ya! ¿Por sugerirte que te compraras un Wonderbra que te levantara…? ¿Eso te ofendió?

CLARA. — Me parece que solo entiendes de lo que te duele a ti.

GREGORIO. — Y tú de lo que te molesta a ti.

 … … …  (Los dos se quedan callados durante un momento en el que solo se oye la voz amortiguada de la radio de la vecina) … … …

CLARA. —(rompiendo el silencio con voz triste y conciliadora) - ¿Qué estamos haciendo, Goyo?

GREGORIO. — No sé Clary. Será que nos está costando el declive.

CLARA. —¡Yo no estoy en declive ninguno! ¡Mira que eres cabrón!

GREGORIO. — Ay Clary, quizás no ando muy fino, pero esta noche tampoco pegué ojo y una noche de insomnio da para mucho. Me rindo. No quiero discutir más. ¿Por qué crees que ya estoy tan preparado, con el periódico comprado y el café hecho? Tengo que reconocerlo: estoy cascao. Soy un cascajo.

CLARA. —¡No digas eso hombre! ¡Que no eres ningún cascajo, por Dios!

GREGORIO. —Que sí, que sí, … Que ya no soy capaz de mostrarte lo mucho que me gustas, Clarita.

CLARA. — A lo mejor es que ya no estoy como para gustarte con todo necesitando un “push up”.

GREGORIO. — ¡Qué va! … soy yo que necesito un levantador y reconozco que me asusta.

CLARA. — Bueno, quizás no te he ayudado mucho con mis exigencias y mi descuido de camisones y demás cositas de seducción…

GREGORIO. — Ay Clary…

CLARA. —¿Qué?

GREGORIO. —¿Tú crees que esto ya no tiene retorno?

CLARA. — La edad no, Goyi. Pero…

GREGORIO. — Pero ¿qué?

CLARA. —Pero… por qué no esperar como siempre la noche para abrazarnos y dormir, que falta nos hace, y que pase lo que tenga que pasar cuando tenga que pasar y nos dejamos de lamentaciones y reproches, se caiga lo que se caiga, sean las nalgas, las tetas o el pelo o los ímpetus… ¿Qué dices?

GREGORIO. —¡Sea! Clarita. Que la edad nos tiene que servir para algo.

CLARA. —Pues eso Goyo ¡Vivamos entonces, esta desventura aventuradamente!

GREGORIO. —Siempre sabes cómo levantarme el ánimo.

CLARA. —Bueno, no siempre…

GREGORIO. —(sonriendo) -No empecemos…

CLARA. —Vale… ¿Otro café?

(Cada uno desde su lado de la mesa tiende la mano al otro)

GREGORIO. — Y con lo poco o nada que hemos dormido, ¿Y si nos vamos a la cama? que para eso es domingo. No es bueno dejar cosas pendientes.

CLARA. —Como siempre das en el clavo. Me parece muy buena idea.

(Se levantan, salen cogidos de la mano mirándose)

GREGORIO. —Venga ese café…  (Lo dice susurrando, acercándose a su cuello)

 

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1 comentario:

  1. Me encanta! Una maravilla! eres la reina del diálogo. Entrañables y muy reales tu Goyo y tu Clarita.

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