EJERCICIO 1
Veo una foto “rara” y ya voy corriendo detrás. No me motivan las fotos realistas sino las que me descolocan porque me arrastran a lugares que me intrigan. Y al final me sorprende descubrir adónde he llegado.
También me motiva una frase poética porque me lleva hacia la sorpresa o me empuja a cambiar la mirada. Disfruto con la sorpresa.
El punto de partida puede ser también una réplica en una película o una frase que leo o que escucho en una entrevista. O los recuerdos que alguien evoca. No presto demasiada atención a lo que escucho por la calle porque suelo pasear bastante ensimismada. Me gustaría a veces estar “ más presente” y es algo que tengo que procurar porque sé que daría pie a muchos relatos.
Tengo la
impresión de que cuando escribo, existo más. Lo curioso es que yo soy poco
observadora en general y me cuesta visualizar, pero cuando escribo estoy
totalmente en la historia y lo percibo todo, los olores, los colores, el
paisaje. Veo a los personajes y vivo realmente con ellos mientras dura la
escritura y luego todo queda muy vivo en mi cabeza para siempre. Todo lo creativo me
provoca una sensación de más vida y no sé por qué no lo hago más. Es cierto que durante mi época de docencia no lo necesitaba tanto porque procuraba ser creativa en mi trabajo porque así disfrutaba un montó. Mis propuestas de ejercicios con los alumnos solían estimular su creatividad, y de rebote, la mía.
¿Meditar o escribir sin pensar? Depende. Puedo pasar de un extremo a otro aunque en general suelo dejar que la idea vaya madurando un poco en la cabeza, que crezca, que viva conmigo pero también puedo, a veces, lanzarme tras ella nada más aparecer. Conclusión: soy más “ovípara” que “vivípara”, como decía Unamuno… Suelo escribir despacio. Me gustaría soltarme más, controlar menos. Creo que puede ser a veces una falta de confianza en mí misma. De hecho siempre pienso que no voy a poder escribir nada cuando me dan un tema pero por otra parte, necesito este reto porque si no, no me pongo. Me alegro muchísimo luego al ver que sí he podido.
Soy una persona bastante reservada así que no, no me gusta mucho que mi vida se refleje directamente en mi escritura. De hecho cuando así sucede, me resulta un poco violenta la situación.
Tres momentos de máxima creatividad ( que por desgracia se han terminado):
Collages : En el año 2017 empecé a participar en una propuesta de collages diarios ( “los días contados” ), realizados a partir de un objeto común que nos proponían en una especie de “calendario” de papel, donde venía cada día un objeto distinto que teníamos que integrar en un collage. Lo disfrutaba un montón. Pedí revistas a todos mis amigos y me transformé en “Sonia manostijeras” jajaja. Os propongo dos ejemplos más abajo.
Confección de disfraces y trajes: yo que soy bastante negada para la costura y que no tengo ni idea, me lancé a realizar todo tipo de disfraces para mi nieta. Y desarrollé para coser una gran paciencia que normalmente no tengo en absoluto. También disfruté mucho y me sorprendí a mi misma con trajes divertidos que realizaba con trozos de tela que encontraba en casa. Mi nieta creció y mis ganas se esfumaron…
Fotografía narrativa: me apunté en Fuentetaja a un curso semanal de fotografía narrativa y yo que no tenía ni idea de fotografía pero sí ganas de intentar contar algo con ellas, empecé a sacar fotos que para mí significasen algo en función de lo que nos pedía el profesor. Saqué muchas aquel curso y lo disfruté mucho. Me escapaba a la calle en cuanto podía y miraba el entorno con otros ojos y desde otra perspectiva. Pero por desgracia el curso, que me gustaba mucho, se suspendió al año siguiente por falta de alumnado y poco a poco perdí la motivación. Como para la escritura, necesitaba que me pusieran tarea y eso es algo que me da rabia: no hacerlo por motu propio…
Recordar estos tres momentos ha despertado en mí mucha añoranza.
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