lunes, 16 de mayo de 2022

EJERCICIO 7B) MONÓLOGO. Aurora Palomo

EJERCICIO  7B)  MONÓLOGO DE ALGO OSCURO



En escena, una habitación con una cama, una cómoda con tres cajones  y encima de ella una imagen de una virgen, cajas con collares y pulseras. Entra una chica joven veintitantos años en tejanos y camiseta. Se desnuda y se coloca un camisón corto.


LA IMAGEN




¡Maldita sea! Otra noche entro sola en casa, envuelta en deseo. Llevo  así muchos días, sin poder disfrutar. ¡Que le pasa a este chico! Este novio que deserta. A la puerta de mi casa, me deja con esta sensación de fuegos artificiales sin explotar. Tiro de él hacia dentro, no entra. Mil explicaciones vanas. Aún siento su mano en mi espalda caracoleando entre mis costillas. Su aliento en mi oreja. Carne prieta contra mí. ¡Hoy no puedo más! ¡A la virgen tendré que recurrir!… ¡Que verano!… Mañana hablo muy seria con Carlos. 

Aquí estoy en mi habitación, el calor aprieta, mi piel brilla, el sudor baja por mi vientre, anhelando las caricias eternas de él, recorriendo mi cuerpo y mis entrañas. Repaso cada rincón de mi dermis. Vueltas y más vueltas en la cama. En mis oídos palabras ardientes escucho, su voz me susurra… ¡Que le ocurre que no termina lo que comienza!… Y a mí me deja sedienta de su piel en mi piel, de sus labios en los mios, de sus manos recorriendo mi cuerpo. ¡Quiere volverme loca!… Siento mis pezones erectos, sed en mi cueva. Mis caderas con instinto de placer enervado…  Advierto de reojo en la cómoda, la imagen de la virgen, en madera oscura. Ella me protege, me cuida y me eleva al clímax. 

Descalza avanzo hacia ella. Regreso a la cama, me envuelvo en las sábanas y recuerdo. Recuerdo la primera vez, el momento que lo precipitó todo. Hubo un temblor de la tierra y la cómoda se movió, los cajones entraban y salían, la imagen se vino abajo, fui a sujetarla y  quedó enganchada en un cajón, su cabeza en mi cueva. El temblor  siguió por minutos  en  muebles, cuerpo e imagen. Fue mi primera experiencia…  Sacrílega me decía mi madre… Pero en todas las mudanzas, la virgen viaja conmigo, en todas.


Le pido siempre permiso…  Para que el arrebato de frenesí se diluya en mis entrañas.

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