EJERCICIO. 7 C) CUENTO DE ALGO OSCURO Aurora Palomo
EL MUSEO
La señorita Lewis era una de esas mujeres, lista, enérgica, hermosa, vestía con sofisticación y muy sociable. Tenía un solo defecto, bueno podría llamarse defecto o intolerancia, su cuerpo no soportaba la lactosa y ella era una degustadora de helados. Ese era su trabajo sintetizar en sus papilas los nuevos sabores en la fábrica de helados.
Todo el personal la saludaba y pasaban de largo, por sí de pronto un gas pestoso pululaba a su alrededor, eso la afectaba. A pesar de ser sociable nadie se le acercaba en la fábrica y pasaba como un fantasma por sus pasillos, mientras caminaba hacia su lugar de trabajo. Únicamente hablaba con su amiga de la infancia y cuando salían le imponía una condición dejar de tomar productos lácteos durante veinticuatro horas.
Un domingo, junto a su amiga Marcia, fue al museo de ciencias, disfrutó con cada dinosaurio, troglodita o aldea representada en cada ventana. De pronto necesitaba ir al servicio le dijo a su amiga. Había tomado varias tazas de té en una cafetería mientras abrían y no encontraba ni servicios ni un bedel que le informara a dónde ir. La visita casi finalizaba, delante de ella una familia de la era cuaternaria en su cueva. La información de la guía se alargaba. Intranquila se movía, daba saltitos, juntaba las rodillas, por fin todas las personas de la excursión pasaron al siguiente salón. Entonces se relajó y un gas silencioso salió. Por la puerta de la derecha vio venir su amiga Marcia, por la de la izquierda una pareja aparecía, nerviosa caminó hacia el fondo del salón. Sentada en un banco vio a su amiga fruncir la nariz y mirar con desagrado a la pareja. Lo mismo que hicieron la pareja con Marcia. Los tres se separaron mirando para atrás con enfado y rechazo.
Al salir su amiga del salón la señorita Lewis reía a carcajadas.
A partir de entonces cada domingo desayunaba té, pastel de queso y visitaba algún museo. Por fin disfrutaba.
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