Iluminada
Poema 7 A
Abre tu puerta, no encierres tus mares,
No ocultes en la niebla tus jazmines
Y, que tus blancos tules y azahares,
dancen descalzos con sonajas y tintirintines
Abre tu puerta, no encierres los gritos
tras el rubro de tu sombra inefable
y tapujos desteñidos, prescritos,
al aire de un semblante amable
Abre tu puerta, estoy oyendo tus pasos
y esa respiración, que de ligera, atrona
en mis sienes cubiertas de ocasos,
subyugan las esperanzas que destrona
Abre tu puerta, no disimules tus aleteos,
el jardín espera tu mano herida,
preparada para el baile de los tanteos,
con su tierra blanda removida.
Abre tu puerta, antes de que se vayan las
luces
de los días encendidos con velas y caricias.
Deja salir, y que se pierdan, las avispas y los
cambaluces
tras horas cuajadas de albricias
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