LUDOPATÍA
—Aunque no te lo creas este juego no es fácil y requiere mucho trabajo —le dice Rubén a su primo mientras enciende un pitillo.
—Ya, pero consigues a todas las tías que te propones
—Sí, es muy raro que falle. Todo es cuestión de voluntad, paciencia, controlar bien la información y saber manejar a las mujeres, por supuesto.
—¿Qué quieres decir con controlar bien la información?
—Mira, cuando elijo la presa, lo primero que hago es un seguimiento cercano para saber todo sobre ella, dónde trabaja, a qué se dedica, que lugares de ocio frecuenta, investigo a sus amigos, qué gustos literarios tiene. Elijo la ocasión más oportuna para provocar un encuentro casual cuando ya sé cuales son los temas más adecuados para entablar conversación. Esta etapa, al principio, me parecía muy tediosa, pero he ido cogiéndole el punto y ahora me encanta porque cada día que pasa soy más culto y he acabado disfrutando de una gran cantidad de hobbies que yo jamás hubiera tenido.
Una vez iniciada la relación, es coser y cantar, poco a poco va cayendo en mis redes y al poco tiempo, cuando siento que he ganado la partida, necesito empezar otra.
—¿Y no crees que eres un poco Hijoputa haciendo eso con las tías?
—¡No, qué va!, simplemente soy un ludópata y, hasta ahora, es el juego que más me ha enganchado. La última es la que más me ha costado y, por tanto, la que más he disfrutado. Estaba obsesionada con el teatro. Yo, que nunca me había interesado por ese tema, y como mucho, había ido alguna vez a ver alguna comedia para hacer unas risas… Pues bien, estudié teatro como un loco, cuando tenía medio controlado a los clásicos, como de casualidad, un día me senté a su lado en el tren y con cara compungida, le ofrecí una entrada para la versión de La Celestina que estaba representando José Luis Gómez en el teatro La Abadía, le conté que me habían dado plantón y que había pensado regalar la entrada a la persona que se sentara a mi lado en el tren. Era viernes y así se produjo nuestra primera cita.
Mientras la iba conociendo mejor, llegando a saber que era una chica de pueblo que, aunque conocía perfectamente cualquier estilo teatral, comprendí que prefería algo más espontáneo, más relacionado con las tradiciones orales, más del pueblo llano. Me hizo disfrutar con el teatro español del Siglo de Oro, especialmente con Quevedo, con los dramaturgos filósofos, desde Aristófanes a Ibsen, pero quedó totalmente rendida cuando descubrí, junto a ella a Darío Fo. No puedes imaginar el grado de satisfacción y placer que siento cuando alcanzo un triunfo tan sublime. Pero, justo en ese momento, doy por terminado el juego.
—Mira Rubén, creo que es mucho más noble jugar al Póquer y, aunque me he visto algunas veces en situaciones muy comprometidas por la pasta, lo prefiero. Me parece muy chungo hacer ese daño a tantas tías.
—Yo no lo veo así. Ellas pueden contraatacar o defenderse, pero ninguna se lo toma como es en realidad, es decir, un juego. De hecho con la última ha vuelto a comenzar otra partida y ha sido ella quién la ha empezado. Su pasión eran los Juegos de Rol. Cuando gané la partida, ella se convirtió en una dopplerganger para seguir jugando y durante una temporada me hizo pasar muchos apuros, el peor fue en el trabajo cuando se hizo pasar por una hechicera, haciéndoles creer que yo le había encargado unas pócimas para cada uno de mis compañeros. El día que fui a su casa a recriminarle la angustia que provocó a mis padres cuando una prostituta apareció en su puerta diciéndoles que estaba embarazada y yo era el padre, me dejó encerrado en su casa tres días, hasta que conseguí salir, porque la había convertido en una Escape-room. Mientras, ella cogió mis llaves y se trasladó a vivir a mi casa.
Aún no sé qué hacer para darle jaque mate.
Qué bueno¡¡¡ jajajajaja
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