martes, 3 de mayo de 2022

EJERCICIO 5B - Esperanza Cabañas - Cuentos

 

CUENTO CON COMIENZO POÉTICO:

ALAS DE MARIPOSA

 

Un pasillo largo y frío nos separa. Un largo pasillo imposible de recorrer. Un camino transitado de lágrimas. Lágrimas de alegría por tu venida y de tristeza por su posible partida. La vida que comienza y que termina. Miradas perdidas que sustentan un pasado, pequeños ojos apuntando a un futuro.

Mariposa negra de alas cansadas que revoloteas fatigosa. Mariposa blanca que inicias con torpeza tu vuelo. Doy pasos para sostenerte, para cuidarte en el camino que momento a momento más me acerca a ti. Mi corazón dividido entre dos mundos. Nacer y morir en un mismo segundo.

Injusta siento esta ambivalencia que vive en mí. Cada habitación que traspaso me acerca al difícil momento y aprieto tu cuerpecito sobre mi pecho. El miedo a perderte me muerde y me atraganta. Eres mi débil coraza. No sé si sabré cuidarte como ella lo hizo conmigo. Siento tu vida y su muerte. Sois tan frágiles como mi aliento.

Paseo despacio a su encuentro. Estoy gastada y dolorida pero quiero que la conozcas, para que nunca la olvides. Ella me amamantó como yo lo haré contigo y a ella debo mi existencia y la tuya. Ahora temo por su vida por eso abrazo la tuya. Vida y muerte que se entrelazan sin conocerse.

Avanzo por el pasillo, arrastrando mi alma sobre unos pies quietos que temen cruzar la puerta. Por eso no andan, por eso permanecen inermes. Su cercana ida me desgarra y tu presencia me sana. Te miro y sonrío, la pienso y lloro.

Ya estoy en su planta, ahora el largo pasillo que nos separa se me antoja de lodo. Mis pies se hunden antes de encontrarla. No puedo verlos, parecen escondidos. Abrazo a mi ser, a mi nueva vida y me convierto en serpiente mortecina. Reptando avanzo por el lodo hasta llegar a su puerta. El aire se corta en mi garganta, he vuelto a recuperar mi cuerpo, a sentirte junto a mí, a abrazarte fuerte para que calientes mi alma. Mis manos tiemblan cuando tomo el pomo y lo giro. Alguien se asoma curioso y me ve. Es mi padre que aligera su paso hacia su hija que aparece postrada en el umbral. Me abraza y toma a mi hijo con la dulzura de un viejo que ama a la vida. Le sigo hasta su cama y allí está. Entre tubos y cables veo su blanca sonrisa. Mis brazos se han convertido en alas, alas de mariposa que la abrazan con toda su levedad.

En el abrazo me quedo junto a ella sintiendo su pálida piel, la suavidad de su tono me habla de que ha superado la operación, de que su palpitar seguirá a mi lado y entonces, me vuelvo hacia mi padre que mira a su nieto con devoción. Tomo al niño y se lo acerco a mi madre. Ella no habla, pero una mueca en su boca lo ha dicho todo. Mi madre está viva y mi niño también.

 

CUENTO CON COMIENZO BARRA DE BAR

 

La morera

 

Desde hace un mes respiro más libre, como si hubiera vuelto a mi infancia, cuando apenas me costaba liberar el oxígeno. La gente ya no deja basura a mis pies, ni me tiran colillas encendidas que me hacían temblar imaginando que alguna me prendiera. Ellos no son conscientes del miedo que me da el fuego, sobre todo en los meses de estío, cuando no recibo ni una sola gota de agua. Pero… ¿Qué ha pasado? Me siento contento, mis hojas y mis estomas respiran mejor. El aire se ha limpiado y el ruido ha amainado. La lluvia cae limpia y alimenta mis raíces ¿De qué me quejo entonces? Estoy igual de confundido que una ballena en un desierto.

Mi enorme copa, criada a través de más de cien años de vida, refugiaba hasta ayer del sol a los que paseaban por la plaza. Los más mayores acudían temprano, por las mañana se sentaban a charlar mientras la brisa movía mis hojas sacudiendo el polvo. Los niños venían por las tardes para correr con sus bicicletas, o detrás de balones que se estrellaban contra mi tronco endurecido por los años. ¡Por fin descanso de esos seres que no dejan de estropear mis ramas y mi tronco!

Pero no sé qué me pasa. Es como si los añorara. Ya no me visitan ni los adolescentes que se acercaban cuando los niños se iban. Apoyados sobre mi tronco unían sus cuerpos para darse los primeros besos. A pesar de que me siento sano, echo de menos al gentío que se refrescaba bajo mis ramas. Hace como un mes que no escucho las voces de los que paseaban por la plaza. Ya no me arrancan las hojas para guardarlas en cajas de zapatos agujereadas, para dar de comer a esos gusanos pálidos de piel. Me hacían daño los tirones, pero me consolaba escuchando las risas de aquellos pequeños que correteaban a mí alrededor. Me entristezco ante la idea de que hayan encontrado mejor alimento que mis hojas. Mis raíces se retuercen cuando mi tronco tiembla, como si de un espasmo se tratara y lloro, pero en vez de lágrimas, esparzo mis hojas yermas que ya nadie solicita.

¿Qué ha pasado? No lo entiendo, estaba acostumbrado a ellos y justo en la época en que más gente se animaba a venir, han dejado de hacerlo. Los días de la primavera pasan tristes, a pesar de que luzco más frondoso y vivo que nunca. Las flores han dado paso al fruto que madura a buen ritmo. Pero también tengo mis días de contento, porque por fin descanso de esos seres que no dejaban de estropear mis ramas y mi c. Ahora los pajaritos revolotean sobre ellas mientras hacen sus nidos. Hasta algunos patos se han escapado del estanque del parque para picotear el dulzor de mi fruto cuando se estrella en el suelo.

Antes del anochecer los veo salir a los balcones que rodean la plaza. Escucho un redoble de palmas durante unos minutos y, a veces, algunas canciones que, ante mi aburrimiento, acompaño balanceando las ramas a su ritmo, después, otra vez el silencio. Y entonces recuerdo las guitarras de aquellos jóvenes que componían canciones al anochecer, sacando melodías en sus cuerdas gastadas.

Los perros son los que no me han olvidado. Cada día se aproximan a mi tronco y esparcen su orín marcando un terreno que ya no es de nadie. Es como si no quisieran enterarse de que solo reino yo en la plaza, ni siquiera el quiosco de la esquina abre. Ya no hay veladores a los que dar sombra. Pero ¿dónde se ha metido todo el mundo? Me pregunto recordando las risas de otro tiempo. Sin comprender nada, solo espero que acabe la primavera, para que el verano los traiga de nuevo bajo mi sombra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario