CUENTO CON COMIENZO POÉTICO:
ALAS DE MARIPOSA
Un pasillo largo y frío nos
separa. Un largo pasillo imposible de recorrer. Un camino transitado de
lágrimas. Lágrimas de alegría por tu venida y de tristeza por su posible
partida. La vida que comienza y que termina. Miradas perdidas que sustentan un
pasado, pequeños ojos apuntando a un futuro.
Mariposa negra de alas cansadas
que revoloteas fatigosa. Mariposa blanca que inicias con torpeza tu vuelo. Doy
pasos para sostenerte, para cuidarte en el camino que momento a momento más me acerca
a ti. Mi corazón dividido entre dos mundos. Nacer y morir en un mismo segundo.
Injusta siento esta ambivalencia
que vive en mí. Cada habitación que traspaso me acerca al difícil momento y
aprieto tu cuerpecito sobre mi pecho. El miedo a perderte me muerde y me atraganta.
Eres mi débil coraza. No sé si sabré cuidarte como ella lo hizo conmigo. Siento
tu vida y su muerte. Sois tan frágiles como mi aliento.
Paseo despacio a su encuentro.
Estoy gastada y dolorida pero quiero que la conozcas, para que nunca la
olvides. Ella me amamantó como yo lo haré contigo y a ella debo mi existencia y
la tuya. Ahora temo por su vida por eso abrazo la tuya. Vida y muerte que se
entrelazan sin conocerse.
Avanzo por el pasillo,
arrastrando mi alma sobre unos pies quietos que temen cruzar la puerta. Por eso
no andan, por eso permanecen inermes. Su cercana ida me desgarra y tu presencia
me sana. Te miro y sonrío, la pienso y lloro.
Ya estoy en su planta, ahora el
largo pasillo que nos separa se me antoja de lodo. Mis pies se hunden antes de
encontrarla. No puedo verlos, parecen escondidos. Abrazo a mi ser, a mi nueva
vida y me convierto en serpiente mortecina. Reptando avanzo por el lodo hasta
llegar a su puerta. El aire se corta en mi garganta, he vuelto a recuperar mi
cuerpo, a sentirte junto a mí, a abrazarte fuerte para que calientes mi alma.
Mis manos tiemblan cuando tomo el pomo y lo giro. Alguien se asoma curioso y me
ve. Es mi padre que aligera su paso hacia su hija que aparece postrada en el
umbral. Me abraza y toma a mi hijo con la dulzura de un viejo que ama a la
vida. Le sigo hasta su cama y allí está. Entre tubos y cables veo su blanca
sonrisa. Mis brazos se han convertido en alas, alas de mariposa que la abrazan
con toda su levedad.
En el abrazo me quedo junto a ella
sintiendo su pálida piel, la suavidad de su tono me habla de que ha superado la
operación, de que su palpitar seguirá a mi lado y entonces, me vuelvo hacia mi
padre que mira a su nieto con devoción. Tomo al niño y se lo acerco a mi madre.
Ella no habla, pero una mueca en su boca lo ha dicho todo. Mi madre está viva y
mi niño también.
CUENTO CON COMIENZO BARRA DE
BAR
La morera
Desde hace un mes respiro más
libre, como si hubiera vuelto a mi infancia, cuando apenas me costaba liberar
el oxígeno. La gente ya no deja basura a mis pies, ni me tiran colillas
encendidas que me hacían temblar imaginando que alguna me prendiera. Ellos no
son conscientes del miedo que me da el fuego, sobre todo en los meses de estío,
cuando no recibo ni una sola gota de agua. Pero… ¿Qué ha pasado? Me siento
contento, mis hojas y mis estomas respiran mejor. El aire se ha limpiado y el
ruido ha amainado. La lluvia cae limpia y alimenta mis raíces ¿De qué me quejo
entonces? Estoy igual de confundido que una ballena en un desierto.
Mi enorme copa, criada a través
de más de cien años de vida, refugiaba hasta ayer del sol a los que paseaban
por la plaza. Los más mayores acudían temprano, por las mañana se sentaban a
charlar mientras la brisa movía mis hojas sacudiendo el polvo. Los niños venían
por las tardes para correr con sus bicicletas, o detrás de balones que se
estrellaban contra mi tronco endurecido por los años. ¡Por fin descanso de esos
seres que no dejan de estropear mis ramas y mi tronco!
Pero no sé qué me pasa. Es como
si los añorara. Ya no me visitan ni los adolescentes que se acercaban cuando
los niños se iban. Apoyados sobre mi tronco unían sus cuerpos para darse los
primeros besos. A pesar de que me siento sano, echo de menos al gentío que se
refrescaba bajo mis ramas. Hace como un mes que no escucho las voces de los que
paseaban por la plaza. Ya no me arrancan las hojas para guardarlas en cajas de zapatos
agujereadas, para dar de comer a esos gusanos pálidos de piel. Me hacían daño
los tirones, pero me consolaba escuchando las risas de aquellos pequeños que
correteaban a mí alrededor. Me entristezco ante la idea de que hayan encontrado
mejor alimento que mis hojas. Mis raíces se retuercen cuando mi tronco tiembla,
como si de un espasmo se tratara y lloro, pero en vez de lágrimas, esparzo mis
hojas yermas que ya nadie solicita.
¿Qué ha pasado? No lo entiendo,
estaba acostumbrado a ellos y justo en la época en que más gente se animaba a
venir, han dejado de hacerlo. Los días de la primavera pasan tristes, a pesar
de que luzco más frondoso y vivo que nunca. Las flores han dado paso al fruto
que madura a buen ritmo. Pero también tengo mis días de contento, porque por
fin descanso de esos seres que no dejaban de estropear mis ramas y mi c. Ahora
los pajaritos revolotean sobre ellas mientras hacen sus nidos. Hasta algunos
patos se han escapado del estanque del parque para picotear el dulzor de mi
fruto cuando se estrella en el suelo.
Antes del anochecer los veo salir
a los balcones que rodean la plaza. Escucho un redoble de palmas durante unos
minutos y, a veces, algunas canciones que, ante mi aburrimiento, acompaño balanceando
las ramas a su ritmo, después, otra vez el silencio. Y entonces recuerdo las
guitarras de aquellos jóvenes que componían canciones al anochecer, sacando
melodías en sus cuerdas gastadas.
Los perros son los que no me han
olvidado. Cada día se aproximan a mi tronco y esparcen su orín marcando un
terreno que ya no es de nadie. Es como si no quisieran enterarse de que solo
reino yo en la plaza, ni siquiera el quiosco de la esquina abre. Ya no hay
veladores a los que dar sombra. Pero ¿dónde se ha metido todo el mundo? Me
pregunto recordando las risas de otro tiempo. Sin comprender nada, solo espero
que acabe la primavera, para que el verano los traiga de nuevo bajo mi sombra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario