BARRA DEL BAR
El Olimpo en una revista del corazón
¿Así que se había ido a Madrid a putear, eh?
Envidia, cochina envidia, eso es lo que provoca en este pueblo cualquiera que destaca un poco. Ninguna mujer del pueblo podía soportar que fuera tan guapa y ningún hombre que ni siquiera le dirigiera una mirada.
Y ella se fue, claro que se fue,¿cómo no se va a ir? Era mucho tiempo soportando los desprecios de unas y las miradas lascivas de otros.
Pues os diré que Juanón la ha visto en una revista en la capital fotografiada con un tío con muy buena facha, mayor que ella, eso sí, en una fiesta saludando al rey. Ha comprado la revista y mañana la dejará aquí, en el bar, para que todos podamos verla y se nos caiga la cara de vergüenza.
A Ramón siempre le gustó La sueca, que era como llamaban a Susana, la hija menor de Venancio, antiguo maestro del pueblo. Eran cuatro hermanas, les apodaban Las suecas porque eran altas, rubias y con ojos azules. Además, eran guapas, especialmente la pequeña, Susana. Las dos mayores se habían casado con buenos partidos de dos pueblos vecinos, la tercera estaba en un convento porque quería ser monja y la pequeña se fue a estudiar Relaciones Públicas a Madrid.
Ramón era el único joven del pueblo que hablaba con ella sin agobiarla con miradas y sonrisas estúpidas. En el colegio, cuando eran pequeños, la consolaba cuando la veía llorando en un rincón del patio porque sus compañeras no la dejaban jugar a la goma, decían que era muy alta y era difícil saltar cuando a ella le tocaba goma. Tampoco le dejaban jugar a carreras porque, como ella tenía las piernas tan largas, tenía ventaja sobre las demás. Siempre encontraban motivos para rechazarla en cualquier juego.
Y Ramón la consolaba, pero nunca se atrevió a dar un paso más, siempre la consideró inalcanzable.
Ahora estaba deseando ver la revista en la que Susana salía fotografiada con el Rey, su enamorada estaba en el lugar que le correspondía, los dioses no se mezclan con la gente vulgar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario