ejercicio 5
Comienzo 1 – Bar
Ha venido el repartidor como
todos los días, pero hoy no ha traído el pedido que tenía encargado. Dice que
en el camino ha tenido un accidente. Que le han tenido que atender porque se ha
dado un fuerte golpe contra el parabrisas por culpa de un frenazo. Dice que ha
tenido que ser en ese momento cuando le han dado el cambiazo. Que él traía el
palé con las cuatro bicicletas, los cuatro candados, los cuatro cascos y una
bomba para hinchar las ruedas. Pero de eso nada. Cuando ha descargado el palé
en el descampado de atrás del almacén, le he dicho que esperase un momento,
para ver la mercancía. Y mire, mire: un alijo por todo lo alto de cocaína.
Bueno, yo no sé. Supongo que será eso. ¿No le parece a usted, señor comisario?
Yo le he avisado de inmediato, por si acaso.
La verdad es que este repartidor
es un tipo un poco raro. Siempre va con gafas de sol. No se las quita ni para
mear. Es literal, señor comisario. Un día coincidí con él en el urinario que
está a la vuelta del bar, junto al surtidor de la gasolinera. Y allí estábamos
los dos, de espalda a los lavabos, con la minga entre las manos, y él con sus
gafas puestas. Y luego está ese tatuaje que le asoma por la pechera. Tiene que
fijarse, señor comisario, es una cabeza cortada colgando de una pica, con los
ojos desencajados y la lengua fuera. No, no. Yo tampoco le conozco desde hace
tanto. Antes solía venir el señor Anselmo, un tipo gordito, con una visera de
cuadros grises. Lo digo por si le suena el hombre. Es un vecino de aquí de toda
la vida. Yo es que no vivo aquí, sino en el pueblo de al lado. Así que no le
puedo decir nada reciente del señor Anselmo. Salvo que es buena persona y
cumplidor. Pero desde hace un par de meses, el señor Anselmo ya no viene. No
sé. Igual le ha pasado algo. Creo que debería investigar el caso. El señor
Anselmo me ha surtido de bicicletas y todo tipo de piezas
y complementos para los ciclistas durante años. A mí me ha dado muy mala espina todo cuando
este repartidor se ha largado a toda mecha en cuanto ha visto el contenido del
palé. Me ha dicho que él no quería saber nada. Que si buscaba explicaciones que
hablase con su jefe.
Pero eso no tiene lógica. Si le
han dado el cambiazo, su jefe no sabrá nada. ¿No le parece, señor comisario? Además
dice que se ha dado un fuerte golpe, pero no se le notaba nada. Bueno, es
verdad que tiene mucha pelambrera y que el flequillo le tapa la frente, pero no
sé. Lo que le digo, a mí me da mala espina. ¿Qué opina usted señor comisario?
¿Yo? ¿Sospechoso, yo? Pero bueno,
señor comisario, no me haga reír. Si yo he sido quien le ha llamado. ¿Por qué
iba yo a llamarle si estuviera implicado? ¿Por un ajuste de cuentas? No me
joda, ahora usted, señor comisario. No me joda. Yo llevo en este negocio de
bicis de segunda mano, en este puto pueblo, junto a esta puta gasolinera, toda
mi puta vida. Así que hágame el puto favor de mover el trasero y ponerse a
investigar dónde están mis putas bicicletas y llévese esta mierda de polvo
blanco de aquí.
¿Cómo?
¿Qué me detiene por desacato a la autoridad? Los cojones, señor comisario. Los
cojones. Yo de aquí no me muevo. Hable si quiere con su superior. Por si no lo
sabe, le diré que el Jefe provincial del cuerpo de policía es íntimo mío. Así
que usted verá. Mueva el culo y lárguese con viento fresco antes de que me dé
un arrebato y le aplaste los huevos.
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