MI HISTORIA
ESCENA (Es una cafetería.
En la pared de la derecha hay un mueble bajo corrido con cajones en la parte
superior y puertas en la inferior. Sobre el mueble, adosado a la pared hay un
gran espejo que se divide en tres lunas enmarcadas en madera de estilo
modernista. A los lados, dos columnas de mármol liso coronadas con capiteles
jónicos. Se ven tres mesas. La primera está pegada al mueble, tiene solo una
silla. Otra mesa se sitúa detrás de esta, delante del mueble corrido, tiene dos
sillas y una tercera mesa, a la izquierda de la segunda, tiene 4 sillas
adosadas.)
PERSONAJES: MUJER
RUBIA (Lleva un vestido rojo y
zapatos de tacón. Está sentada en la primera mesa, delante de su ordenador portátil),
CAMARERO,(Vestido con casaca y pantalón blanco, lleva zapatos negros cerrados)
ENRIQUE (lleva
vaqueros y una camiseta negra. Tiene el pelo corto y algo revuelto. Está
sentado en la mesa en la tercera mesa, mirando hacia el público) Y MARÍA (Lleva un pantalón ajustado, y una camiseta ajustada que realza su figura. Lleva zapato de tacón)
CAMARERO.― (Dirigiéndose
a ENRIQUE) Buenas tardes señor ¿Desea tomar algo?
ENRIQUE.― Estoy esperando a alguien, no tardara mucho.
CAMARERO.― De acuerdo señor. (Se retira)
(MARÍA entra despacio, mira hacia las dos mesas que están
ocupadas. ENRIQUE se levanta al verla)
MARÍA.― Siento el retraso. El autobús, ya sabes… (con nerviosismo)
ENRIQUE.― Tranquila, no pasa nada. Toma, es para ti
(le entrega la flor, ella sonríe) Una flor para otra flor. Eres más guapa en
persona que en las fotos. (Ella mira hacia abajo y se sientan) ¿Qué te apetece
tomar?
MARÍA.―Té verde.
(ENRIQUE levanta la mano
para avisar al camarero)
ENRIQUE.― Un cortado y un té verde, por favor. (El camarero inclina la cabeza y se retira)
MARÍA.- Me dejaste el otro día intrigada con esa historia que me
contaste, no sé si creérmela.
ENRIQUE.― Eres la primera persona a la que se lo he
contado. No sé… posiblemente me sentí bien hablando contigo, me diste confianza.
Te aseguro que es cierta.
MARÍA.―Entonces vamos a ver, tus padres murieron cuando eras un bebé…
ENRIQUE.― ¿Quieres que empiece por el principio?
MARÍA.― Sí, por favor.
(La MUJER RUBIA que está delante
de ellos levanta la mirada y aguza el oído. Sus dedos siguen en el teclado)
ENRIQUE.― Cuando mis padres murieron me acogió en su
casa mi tía, la hermana de mi madre. Ella estaba casada y tenía un hijo, mi
primo que es un año mayor que yo. Desde que tengo recuerdos sé que no me
querían. Mi primo me trataba como a su balón, me tiraba, me empujaba. Reproducía
lo que había visto en sus padres.
MARÍA.― ¿No pensaste en denunciarlo?
ENRIQUE.― Solo me preocupaba sobrevivir, no confiaba
en nadie, así que me monté mi propio mundo. Ese que a ti te cuesta creer.
MARÍA.― Sigue, me interesa mucho esa historia tuya.
ENRIQUE.― Mi madre había sido maga, una maga tan buena
que despertó la envidia y los celos en su hermana, por eso me odiaba, pero de
esto me enteré mucho después. Heredé de mi madre los poderes. Lo supe cuando
cumplí los once años. Ese día vino una lechuza a casa y me dejó una carta. La
abrí intrigado, era el primer regalo que recibía en mi vida.
La carta decía que había sido admitido en el Colegio Hogwarts de Magia y
Hechicería. ¡Dí un salto de alegría! Me iba a librar de mis tíos y del gordo de
mi primo también.
MARÍA.― ¿No los has vuelto a ver?
ENRIQUE.― Esa es otra historia, la que no quiero
recordar. La que te estoy contando es la verdadera. Escucha.
MARÍA.― Venga sigue…
ENRIQUE.― Mis tíos me acompañaron a la estación. El
tren que me llevaría al Colegio salía del andén 9 y ¾. Estábamos parados entre
el 9 y el 10. Entonces empecé a ver que muchos niños iban hacía una pared que
había al fondo y desaparecían. Corrí tras ellos, cuando traspasé el muro estaba
en el andén 9 y ¾. Subí al tren, todos éramos niños. Me sentía intrigado, pero
feliz.
MARÍA.―¿ Eso lo has soñado, verdad?
(La MUJER RUBIA teclea sin
parar en su ordenador)
ENRIQUE.― No, de hecho me dedico a la magia. ¿Y tú, sobre que
escribes? Me gustaría leer algo más de ti.
MARÍA.― Me inspiro sobre todo en las historias que me cuentan. Por
eso estoy en las redes.
ENRIQUE.― Y yo que creía que había ligado…
MARÍA.― (Ríe con malicia)
Cuéntame un poco más, por favor…
(La MUJER RUBIA deja de
teclear y vuelve a aguzar el oído)
ENRIQUE.― ¿Ves está cicatriz que tengo? (Señala su frente)
MARÍA.― ¡Es como si un rayo te hubiera penetrado!.
ENRIQUE.― ¡Has acertado! El resto de la historia te la contaré
cuando me invites a cenar. (Levanta la
mano para llamar al camarero) (Dirigiéndose al camarero) ¿Me trae la cuenta
por favor? (Paga la cuenta y se levanta,
MARÍA lo imita y salen juntos mientras la MUJER RUBIA vuelve la cabeza para
mirarlos, después vuelve a teclear con rapidez).
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