martes, 5 de abril de 2022

EJERCICIO 2C Andrea Sanz

   MNEMOSINE

—Yo creo que te tomas el asunto muy a la ligera.

 —No entiendo por qué dices eso. Sabes perfectamente que no puedo vivir sin Amador. Me ha dejado y no piensa volver a mi lado. Soy incapaz de seguir con mi vida, así que la única solución que encuentro es resetearme y que borren toda mi memoria.


  —Creo que este asunto se ha ido de las manos. Está bien que ante situaciones insuperables te puedan borrar la memoria, pero la gente ya no aguanta el más mínimo sufrimiento, en cuanto se sienten mal, ¡hala, borrón y cuenta nueva, fuera recuerdos y fuera problemas!


No fui capaz de convencer a Mini. Esa misma tarde acudió al centro Mnemosine más cercano y eliminó todos sus recuerdos. Otra amiga que perdía. 

En diez años ha cambiado la sociedad de manera alarmante. Cuando se abrió el primer centro Mnemosine, solo, ocasionalmente, sabías de alguien que estuviera dispuesto a perder sus recuerdos pero, en poco tiempo, los usuarios han aumentado de forma exponencial. 

Ello está favorecido por muchas razones, la primera porque el precio ha disminuido tanto que está al alcance de cualquiera y sale más barato que una liposucción. 

Otra razón es que cada día vivimos en una sociedad más complaciente que permite que salgan adelante individuos con un carácter de mierda, que no son capaces de asumir la más mínima frustración.

Influye muchísimo, también, el que mucha gente no tiene un gran afán de conocimiento, todo el mundo se arregla bien con trabajos poco cualificados que les permiten vivir decentemente y les dejan mucho tiempo libre para disfrutar del ocio.

Lo que no entiendo bien es cómo todos los gobiernos del mundo lo favorecen, pero alguna razón debe haber porque todos los centros son gubernamentales.

Al día siguiente, aproveché la clase que impartí en la facultad sobre El Futuro de la Literatura para intentar abrir los ojos a los universitarios sobre la pobreza intelectual a la que estamos abocados, ya que todo el mundo pierde una y otra vez los conocimientos y la experiencia que van acumulando. Tristemente, solo tuve seis alumnos ya que las aulas cada día están más vacías.

Al terminar mi clase, se presentaron dos fornidos caballeros y me ordenaron que les acompañase al despacho del rector.

Me sugirió que nunca más volviera a hablar mal del mayor logro social de la historia. Me dijo que podría, simplemente, borrar todos mis recuerdos por la fuerza, pero prefería que lo entendiera. Bajamos a un sótano acorazado con numerosos ordenadores y dispositivos de almacenamiento. Me explicó cómo desde todos los centros Mnemosine volcaban la información que retiraban a cada individuo y como la separaban y seleccionaban en diferentes apartados. Posteriormente, estos conocimientos, se podían mezclar de todas las maneras posibles. 

La cantidad de datos acumulada era impresionante. Pero lo que me dejó más sorprendida fue que toda la información podía ser reinsertada en cualquier cerebro, de manera que, si hacían falta médicos, el gobierno podía  obtenerlos en el transcurso de horas, con una capacidad y experiencia que, jamás, se podría obtener a lo largo de una carrera de medicina completa.

Sobre mi profesión, con una triste sonrisa, me explicó por qué los escritores estaban en vías de extinción. Si se quiere hacer un escritor, en la persona que el gobierno decida, se pueden introducir todas las capacidades lingüísticas necesarias de un filólogo, la imaginación del mejor escritor de literatura fantástica, los conocimientos de un historiador, la formación científica precisa para un autor de ciencia ficción o la lujuria de una ninfómana en una obra erótica. Se obtendrán auténticas obras de arte.

Por supuesto, las decisiones sobre qué tipo de conocimiento y a quién se le introduce, están reservadas a una pequeña oligarquía que, en cada país, “organiza” y “controla” todo.

No sé porqué tuvo la necesidad de explicármelo, mañana no me acordaré de nada.

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