Hoy todavía guardo en mi memoria
el tacto salado de tus palabras.
Adivino tu húmeda presencia.
La brisa me trae tu sabor oscuro
y ese rumor de hojas que me rodea.
Cada grano de arena ardiente clava
en mi piel tu recuerdo áspero y dulce.
Se desliza y resbala gota a gota
lento, lento, lentísimo enervante.
Olas van y vienen contra las rocas
que se yerguen oscuras y orgullosas.
Danza antigua de primitivos dioses.
Tu aliento jugoso junto a mi oído.
“Mírame, mírame, y no me olvides”
Y no quería abrir los ojos.
Y no quiero abrir los ojos.
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