8C.- Consejos de abuela.
Nací sola en casa. Mi madre se encontraba en la iglesia
para rezar y desear que todo saliera
bien. Las primerizas com madres ausentes sulen tender a realizar lo mismo.
Creen que no es necessária su presencia, si bien, mi padre casi se desmaya al
ver la sangre.
Mi abuela paterna no entendío el motivo del malestar dado
que mi progenitor era veterinário y la costumbre de ayudar a las vacas a parir
suponia un día a día. Supongo que su primera hija fué lo que le llevó a sentir
esto al ver a mi madre.
Nací sola, con mi madre rezando el segundo mistério del
rosario y mi padre aturdido. Mi abuela referia que la responsabilidad había pasado
a ellos, así que solo miraba como salía mi culo.
Sí, nací de culo en todos los sentidos y el resto de mi infância
continuó en la misma postura. Llegada la adolescência, mi madre invento dos mistérios
más para rezar y eso que le pedí un hermanito sin éxito.
A los veinticinco, mi abuela, asaltada por los achaques de
la edad me advirtió de la posibilidad de que me aconteciera lo mismo si me
quedaba embarazada. Me sorprendió porque mi cabeza deambulaba por otros
derroteros.
El tiempo pasó y acabé por conocer al que hoy es mi marido.
El subsconciente hace maravillas porque este apuesto joven era colega de mi
padre. Los dos se reunian para discutir los tratamentos, cirugias y demás
hazañas ganaderas.
A veces, pensaba que atendía más a los animales que a mí.
Mi madre me advirtió de esto también, por eso preferí ir a rezar antes de pasar
por terapia de pareja después de quedarme embarazada.
Mi hija nació a los nueve meses, sola. Intenté rezar rápido
el rosario, pero me cogió en el septimo, el último que agregó mi progenitora.
La genética nos jugó esa mala pasada ya que Martita, según me cuentan, nació de
nalgas.
Pobre hija mía. Espero que mi nieta no nazca sola.
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