Iluminada
Cinco comienzos
Técnica de la Barra del bar:
La puerta estaba cerrada con
llave, se oían gemidos y sollozos como estertores, los hombres forzaron la
cerradura, enseguida apareció la ambulancia, se la llevaron fuera de sí, en el
suelo la foto de la prueba de mi vestido de novia completamente rayada por algo
punzante; mi rostro aparecía irreconocible tras el ensañamiento.
Corrección:
No sabría cómo
narrar la impresión que nos llevamos. Todo iba tan bien, todos entusiasmados, divirtiéndonos,
alegres, en ese día tan especial… Cuando llegamos al piso de arriba de la casa,
nos encontramos que la puerta estaba cerrada y se oían gemidos y sollozos que
parecían estertores ¡Qué susto, qué agobio! Los hombres forzaron la cerradura,
enseguida apareció la ambulancia y se la llevaron fuera de sí, mis padres la
acompañaron. Me sentí aturdida, miré al suelo y vi la foto de la prueba de mi
vestido de novia completamente rayada, como con un punzón. Mi cara aparecía
irreconocible de tanto ensañamiento.
Técnica Desfile:
Vender el tema
Los listados para las
eutanasias se podían modificar siempre y cuando el tribunal local del área
correspondiente y los tres testigos requeridos considerasen que la persona
estaba en sus cabales. El movimiento global había pasado del deseo de longevidad
a morir dignamente. El cuerpo resultaba un lastre y el psiquismo confuso y
lento empezó a verse como una indignidad, una vejación y, sobre todo, una carga
social.
Cada uno elegía el momento
incluyéndose en una lista dentro del circunscrito que le correspondiera. Había
que rebasar los treinta años para poder tomar la decisión. Las circunstancias
especiales tenían legislación detallada y minuciosa al respecto. La mayoría situaba
su elección entre los noventa y cien años, puesto que las perspectivas de vida
rondaban los ciento veinte años de edad. Cada circunscrito podía tener leyes
particulares.
Los procesos de información
destinados a defender la legalidad y la protección de los ciudadanos abocaron
en la completa pérdida de lo íntimo. Las nanocápsulas circulaban por los
organismos transmitiendo datos a los centros médicos y a otras instancias no
siempre claras en sus fines. Los científicos trabajaban afanosamente en la búsqueda
de la auscultación de los pensamientos. Aún no se había hallado la incisión
molecular temporo-afectiva.
Marian era de las pocas en su
circunscrito que batallaban por el derecho a la muerte natural.
Corrección:
He llegado a un
tiempo donde puedo ver los vaivenes de los cambios. Quizás pasado el tiempo, lo
que voy a relatar parecerá algo delirante o simplemente antiguo. Los cambios
sociales cada vez son más rápidos. Los humanos, los tiempos, las ideas, todo
muta. Lo prohibido, con un giro de óptica, se vuelve permitido. Lo ético y lo
imposible de asumirse, en unos tiempos, se truecan en lo contrario. Y así,
puedo explicar cómo en el tiempo del que os hablo, aquel sagrado derecho a la
vida adquirió un valor muy relativo. En los tiempos de mis antepasados, sin ir
más lejos, los padres de mis bisabuelos, hubiesen podido imaginar lo que yo,
hace casi un siglo atrás escuché narrar a mis padres. Fueros tres siglos, que
hoy resultan delirantes. Aunque ¿qué será más delirante: lo anterior o lo
actual? Todo es tan maleable en el pensamiento, cada vez más.
La vejez pasó a
ser considerada un deterioro indigno, triste y deleznable. En los libros de
historia cuentan que hubo un tiempo en el que era todo lo contrario, la vejez
era respetada y venerada porque se asociaba a la sabiduría y experiencia.
Después los viejos empezaron a estorbar. Y en el tiempo del que os hablo, pasó
a ser ley, bajo el discurso generado, poner fecha para el fin de los días. ¡Cómo
os lo digo! Cada sujeto, había de comprometerse con una fecha para terminar su
vida.
Los listados
para las eutanasias se podían modificar siempre y cuando el tribunal local del
área correspondiente y los tres testigos requeridos considerasen que la persona
estaba en sus cabales. El movimiento global había pasado del deseo de longevidad
a morir dignamente. El cuerpo resultaba un lastre y el psiquismo confuso y
lento empezó a verse como una indignidad, una vejación y, sobre todo, una carga
social.
Cada uno elegía,
mejor decir: cada uno tenía que elegir, el momento incluyéndose en una lista
dentro del circunscrito que le correspondiera. Había que rebasar los treinta
años para poder tomar la decisión. Las circunstancias especiales tenían
legislación detallada y minuciosa al respecto. La mayoría situaba su elección
entre los noventa y cien años, puesto que las perspectivas de vida rondaban los
ciento veinte años de edad. Cada circunscrito podía tener leyes particulares.
Las normas eran
estrictas. Para muchos era una decisión angustiosa, para otros formaba parte de
un deber ciudadano para mejorar la vida de todos. Los procesos de información
destinados a defender la legalidad y la protección de los ciudadanos abocaron
en la completa pérdida de lo íntimo. Las nanocápsulas circulaban por los
organismos transmitiendo datos a los centros médicos y a otras instancias no
siempre claras en sus fines. Los científicos trabajaban afanosamente en la búsqueda
de la auscultación de los pensamientos. Aún no se había hallado la incisión
molecular temporo-afectiva.
Pero… Marian era
de las pocas en su circunscrito que batallaban por el derecho a la muerte
natural. Un desafío peligroso.
Técnica Zoom o Cine: CORRECTO
Alina emitió un fuerte suspiro
que hizo revolotear los papeles de la mesa. A esa hora de la madrugada la
transitada calle estaba en silencio; ocasionalmente se oía el motor de algún
coche. En la habitación, la cama deshecha mostraba las mantas caídas y la
almohada colocada en vertical contra el cabecero. La penumbra estaba rota por
el haz triangular y azul del flexo.
Técnica Canción del verano: PONER RITMO
La verja verde carruaje,
abierta a los curiosos mostraba un jardín que en otros tiempos había sido la
envidia del pueblo. Los rosales emprendían el declive de sus pétalos ante
cualquier brisa o contacto. Las madreselvas habían cambiado su color glauco a herrumbroso.
Poca agua, poca atención y ningún cariño estaban entristeciendo el lustroso
verdor de otrora.
Corrección:
Los pasos del
vigilante hacían crujir la gravilla. Sonaban como quejas del viejo jardín descuidado.
La ligera vibración generada por esos pasos provocaba el declive de los pétalos.
Pasos que rompían el silencio. Pasos que provocaban derrumbe. Pasos reseñando
la fragilidad de un tiempo perdido. Perdido tiempo para los que marcharon dejando
abandono.
Técnica Noticiero: Dar detalles
Doce mañanas seguidas duró
aquel ritual de verano para preparar el examen de matemáticas. David, de trece
años, quería aprobar para mostrar su valía y superar a su hermano que con diez
años sobresalía por encima de él en cada asignatura.
Madrugaba más que durante el
curso; aún en la cama hacía la jaculatoria que le enseñó su abuela, al
levantarse ponía atención en apoyar primero el pie derecho sobre la alfombra,
colocaba el libro y los folios creando un espacio paralelo y recto referente al
borde del escritorio, delante de sí tenía una piedra azulada que había
encontrado el verano pasado a las orillas del río y era prescriptivo tocarla cuatro
veces pensando en Bertoldo, el héroe de su equipo, metiendo un gol. Así
preparado, emprendía el repaso de lo anterior antes de continuar hasta que su
madre le llamara para el desayuno.
Esa última mañana, surgió
lluviosa ante su ventana. Su padre, afeitándose en el baño al otro lado del
pasillo tenía la radio puesta. De manera inusual había subido el volumen. La
voz masculina anunciaba que había estallado la guerra en el país vecino. Veinte
carros de combate se dirigían a la frontera como medida de control, seguía
relatando el locutor. Las fuerzas aéreas y las de tierra estaban movilizadas.
La artillería hacía maniobras y buscaban posiciones. Se habían establecido
puntos para campamentos de acogida…
¿Qué pasará con el examen? Se
preguntó David.
Corrección:
Doce mañanas
seguidas duró aquel ritual de verano para preparar el examen de matemáticas. David,
de trece años, quería aprobar para mostrar su valía y superar a su hermano que
con diez años sobresalía por encima de él en cada asignatura.
Se levantaba a las
seis. Sus rituales de buena suerte le ocupaban un cuarto de hora, algunas veces
un poco más. Una piedra azulada que había encontrado el verano pasado a las
orillas del río tenía que permanecer en un lugar fijo delante del libro y era
prescriptivo tocarla cuatro veces pensando en Bertoldo, el héroe de su equipo,
metiendo un gol.
La casa se
encontraba en un barrio de Gold Coast muy cerca de la playa. Su padre tenía una
ferretería que marchaba bien. Cada mañana se afeitaba escuchando la radio a
bajo volumen. David, ahora tan madrugador, desde su habitación escuchaba un
leve murmullo que duraba el tiempo del aseo de su padre antes de bajar a
desayunar.
Esa última
mañana antes del examen, su padre subió repentinamente el volumen de la radio: una
voz masculina anunciaba que había estallado la guerra en el país vecino. Veinte
carros de combate se dirigían a la frontera como medida de control, seguía
relatando el locutor. Las fuerzas aéreas y las de tierra estaban movilizadas.
La artillería hacía maniobras y buscaban posiciones. Se habían establecido
puntos para campamentos de acogida…
¿Qué pasará con
el examen? Se preguntó David.
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