Romance: En una esquina de un periódico
En los diarios, una nota
en una esquina ha firmado
una mujer periodista
agradecida a un anciano,
pequeña como una esquela,
como el anillo en su mano,
como era su propia vida,
como escribir le han dejado:
“Con las manos abiertas
el acosador, acosado
de periodistas y fotos
está preso en el juzgado.
Salvo está el pequeño hijo,
pues un vecino ha escuchado
gritos, voces de pelea,
insultos y golpes dados
en casa de la vecina
pared y pared por lado.
Mujer joven con un niño
hace poco se ha mudado,
el octavo piso alquila,
sin maletas ha llegado,
educados les saludan
los vecinos del rellano.
Mal marido, peor padre
al final les ha encontrado,
pretendía asesinarlos
si no les salva el anciano
de ochenta años, socorre
sin mirar para otro lado
a una madre y a su hijo
de haber sido asesinados.
Es noticia de la prensa
el gran cuchillo en la mano
que el vecino octogenario
al mal hombre ha quitado.
Por suerte, mujer y crío
de la muerte se han librado,
sin heridas ni rasguños.
¡Cárcel para el desalmado!”
Romance del resentido
Salgo a la calle y respiro
vientos de ceniza y mal,
pésimo augurio por dentro
me presiona al caminar,
algo detiene mis pasos,
algo que he de averiguar.
¡Mierda llevo en los zapatos!
No es una cosa casual.
La vecina del tercero
saca a su chucho a cagar
a la puerta de mi casa,
a mi coche va a mear.
La vecina era mi novia,
la planté en el altar,
se acostaba con su jefe
no lo pude superar.
Yo ya la había engañado;
la camarera del bar
me invitaba a tantas copas
que no pude despreciar
irme a la cama con ella
a escondidas, sin llamar
a mi amada que esperaba
para ir al cine, a pasear.
Ella me perdonó todo,
conmigo quiso casar,
pero descubrí a la infiel
en la iglesia y sin pesar,
escondida tras un santo
la vi a su jefe besar;
me dio la gran cagalera
y me puse a vomitar.
Soy rencoroso, soy necio,
y debajo de su piso
quise vivienda alquilar
para que siempre recuerde
que no escatimo el follar,
que soy un macho machito
que no voy a perdonar.
Su perro me ve y me ladra,
un día me fue atacar
en el ascensor metidos
mi antes novia, yo y el can,
salimos de allí a mordiscos,
patadas en el portal.
Convivir es imposible,
si no quiero claudicar
ni mudarme de esta casa,
la mierda debo aguantar.
Soneto a un compañer@ Poliedro
Su sonrisa acaricia con los ojos,
la palabra y la voz, donde resuenan
tardes de sol y caracolas truenan
noches de nardos, pétalos de hinojos.
Entre valles azules, montes rojos,
espuma y olas de acuarelas siembran
verde la tierra y al correr retiemblan
los pasos cortos, manos de cerrojos.
Alma viajera en deleitable trato,
vanidad de fusiles desatenta,
versos de luz anida en mundo ingrato.
De alegrías y palmas va sedienta,
por infamias se eriza como un gato,
de liras y sonetos se alimenta.
Qué bonito y extenso trabajo; ¡Cuanta habilidad literaria! Me encanta. Enhorabuena.
ResponderEliminar