OFICINA SINIESTRA
ESCENA (Una oficina con cuatro mesas, sobre ellas ordenadores,
teléfono, carpetas, papel y bolígrafos.
En el fondo un armario archivador y un perchero. Sobre una mesa auxiliar hay
una impresora. AMALIA, vestida con vestido formal y zapatos de tacón entra
quitándose el abrigo. SUSANA, sentada en una silla frente a la pantalla del
ordenador, se levanta al oírla entrar)
PERSONAJES: (AMALIA lleva vestido camisero de manga larga
y zapatos de tacón. SUSANA lleva un pantalón claro, camisa blanca, chaqueta
verde oscuro y botines negros)
SUSANA.― Por
fin ha salido el sol ¿Ya buena? ¿Cómo estás? (Se acerca a AMELIA y se besan)
AMALIA.- ― Aún sigo con la fisioterapeuta, pero
voy mejorando, por eso le rogué el alta al médico. (ríe) No podía pasar más tiempo sin veros.
SUSANA. ―Menos mal, esto es un infierno
AMALIA. ― Igual que siempre ¿no?
SUSANA. ― No, hemos pasado de ser la mejor región a ser la peor.
Todos los índices los tenemos como amapolas en primavera.
AMALIA. ― ¿Por mi ausencia? (abre
los ojos y la boca con gesto de sorpresa)
SUSANA. ― María se fue.
AMALIA. ― ¿Qué me dices? (continúa
con el gesto de sorpresa)
SUSANA. ― El reloj le cantó la hora y salió corriendo.
AMALIA. ―¿Oferta irresistible?
SUSANA. ― Ni hablar, eso hubiera sido alcanzar el cielo con las
manos.
AMALIA. ― ¡Cuanto me he perdido!
SUSANA. ―No me explico cómo has podido estar tanto tiempo flotando
en los laureles.
AMALIA. ― He decidido cuidarme. Ahora soy lo primero para mí, pero
desembucha, no me tengas en ascuas.
SUSANA.― Hace un mes le cumplió el contrato, la subcontrata le
ofreció una rosa dolorosa. Cada vez le pagan menos y esta vez se ha plantado.
AMALIA.―Por fin ha cogido el toro por los cuernos, me alegro ¿Y de
Antonio que sabemos?
SUSANA.― Como si se lo hubiera tragado la tierra. Va a hacer un
año que está de baja.
AMALIA.―Algo tendrá mujer.
SUSANA.― Flojitis, te lo digo yo. Siempre ha estado en las nubes.
AMALIA.― Desde hace tiempo las ventanas de su alma dejaban ver su
tristeza.
SUSANA.― Y por su culpa yo camino por las paredes (en tono irónico)
AMALIA.― No veo a tu corazón saltar de alegría
SUSANA.― Me he quedado sola y hago más horas que un reloj. Ya no
me queda fuelle
AMALIA.― Tus hijos ya son mayores, pero tu marido… ¿cómo lo lleva?
SUSANA.― Le sale el humo por las orejas
AMALIA.― ¿Crees que merece la pena?
SUSANA.― ¿Y qué puedo hacer? Los jefes ayudan, ellos tienen muchas
reuniones y no se les puede pedir más. Si se diera de alta Antonio, todo se
arreglaría. Nos pagan por trabajar, no por quedarnos en casa.
AMALIA.― Vaya razonamiento de zorro que acabas de soltar. Mañana
podrías sufrir un accidente y seguramente serían los jefes los que sacarían el
trabajo ¿eso crees?
SUSANA.― Calla… calla, no mientes ruina.
AMALIA.― No estás investida de inmunidad
SUSANA.― Pues os tocaría a vosotros hacer las horas extras.
AMALIA.― ¿Sabes que te digo? Que el banco de la plaza me extraña
cuando no voy.
SUSANA.― Te limpias las manos y tan contenta, no sé cómo puedes.
AMALIA.― Debes estar ciega, como si no supieras que este trabajo
no cambia.
SUSANA.― Se me debe haber ennegrecido el cerebro.
AMALIA.― Te invito a un café, lo voy a necesitar para lidiar en
esta plaza.
SUSANA.― Vamos rápido que a las nueve tenemos la reunión.
AMALIA.― No me das mucho margen, voy a tener que emplearme para quitarte esa
cara de perro mojado que tienes.
(Las dos salen de la
oficina riendo para dirigirse a la cafetería)
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