AL ALBA
El frescor del amanecer
nos ovillea en una maraña
de piernas
y brazos.
De pronto la tibieza de tu aliento
conmueve mi nuca dormida
mientras por el lóbulo de la oreja
serpentea la lanza húmeda de tu lengua
que, curioseando
la sinuosidad
de los pliegues,
se desliza, hurón inquisitivo,
en el laberinto de la hélice,
estremeciendo
hasta la pelusilla de mis brazos.
Explícito, pero dulce y bonito.
ResponderEliminarEste texto estremece "hasta la pelusilla de los brazos". Muy bueno
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