miércoles, 20 de abril de 2022

EJERCICIO 2 C) CUENTO Aurora Palomo

EJERCICIO 2 C) RELATO CON METÁFORAS Aurora Palomo



A TRAVÉS DE LOS ÁRBOLES PARLANTES



En un pueblo inmerso en las faldas de unas grandes montañas vivía la familia de María que trabajaban en la extracción controlada de árboles. Era un pueblo tranquilo y los habitantes vivían felices, hasta que hacia varios meses la intranquilidad recorría el interior de las casas del pueblo. A María  le encantaba el colegio y  jugar con sus amigos. La directora del colegio, doña Amparo, había desaparecido,  la maestra interina se hizo cargo de la clase y  consiguió que los niños bailaran, cantaran y rieran y  olvidaran  lo que estaba ocurriendo.

Cuando terminaron las clases los niños salieron felices del colegio, estaba atardeciendo. María  y su hermano gemelo Roberto se despidieron de ellos, eran los únicos que tenían que atravesar un bosque para llegar a su casa. Cantando y saltando entraron en él. Como cada tarde, María comenzó de nuevo a escuchar a los árboles susurrarle, en silencio siguió su camino. Roberto no escuchaba nada, él  seguía  cantando a su lado, cazando ranas y otros animales pequeños.

—¡May, la panadera, desapareció!— le dijo la encina.

—¡Chus, tu amiga ya no está!—le susurró el haya.

—¡Rodrigo, el herrero, falta!—le gritó el pino.

—Doña Amparo, tu maestra, se esfumó—le musitó el abeto

  María se tapó los oídos para no escuchar las voces de los árboles que nombraban a todas las personas que habían desaparecido en el pueblo: Fran, Raúl, Yolanda… 

—¡Tú puedes salvarlos de esa bestia malvada! ¡Eres la indicada!—le decían los árboles. 

María corrió y corrió, atravesó el bosque con su hermano detrás y llegaron a su casa, encontraron a toda su familia reunida en la cocina. 

—¿Dónde está la abuela?

Su madre la miró con tristeza y le dijo:—Ha desaparecido, la bestia se la ha llevado. 

Cuando todos dormían, María saltó por la ventana y se internó en el bosque alumbrada por la luz tenue de la luna. Roberto, se despertó cuando ella saltaba y en secreto, la siguió. Bajo la cúpula verde, María les preguntó a los árboles:—¿Qué necesito hacer para recuperar a mi abuela? El silencio fue la respuesta. Se acercó a la encina —¿Qué tienes que decirme? Y fue preguntándole a cada árbol, al principio suplicando, después a gritos ¡Ahora calláis! ¡Hablad!  Ondas sonoras de silencio la rodeó.

  Lloró hasta quedarse dormida bajo un gran roble. Roberto que la había seguido, se sentó a su lado para protegerla. Pasado un tiempo, también se quedó dormido.

Entonces los árboles le hablaron a través del sueño profundo en el que estaba sumida. 

En el sueño los árboles le mostraron la misión que tenía que realizar:


“La Bestia es un anciano sabio que el poder lo llevó al lado oscuro, se alimenta de los pensamientos tristes y alegres de las personas que secuestra. Vive solo en una cueva con una gran piedra plana delante de ella, en lo alto de la montaña. Tienes que ir al mundo de abajo a través de los veintiún escalones del árbol escalera. En lo más recóndito de ese mundo después de atravesar túneles y grutas encontrarás una fuente, recogerás agua de ella. Prepararás un banquete que sea digno de un rey,  lo llevarás a la entrada de la cueva, el agua formará parte del vino. Cuando beba el vino tendrá mucha sed y beberá de la vasija translúcida que contiene el agua. Cuando beba su poder desaparecerá y todas las personas volverán.”

Al amanecer, despertaron, María recordó el sueño y se lo contó a su hermano. Juntos buscaron el árbol escalera, lo encontraron en lo más profundo del bosque, entraron en el hueco del árbol y  bajaron los escalones, una gran gruta se habría ante ellos. Estaban asustados envueltos en un gran silencio, hacia mucho calor, al fondo escucharon un sonido débil de agua goteando. Caminaron hacia el sonido, el espacio se volvía cada vez más estrecho y tuvieron que reptar por un angosto túnel hasta que salieron a otra cámara en la que vieron manar agua de una pared de color verde. Llegaron hasta ella, Roberto al acercar la mano a la pared verde sintió un gran dolor, cuando la retiró en la mano tenía una gran quemadura. La colocó debajo del agua y la piel quedó intacta.

—¿Cómo vamos a llevar el agua?—preguntó María

Roberto sacó de su bolsillo el frasco donde guardaba las ranas, las dejó libre y llenaron el bote con el agua. La vuelta les resulto más fácil, cuando salieron del árbol volvieron a casa. Con la ayuda de su familia elaboraron el plan que en el sueño le habían comunicado los árboles. 

Delante de la cueva en la gran piedra plana dispusieron los manjares que habían cocinado, con una jarra de vino y agua y una copa de cristal llena del agua.

Al atardecer la abuela llegó a la casa, estaba triste, cuando ella era alegre y cantarina. 

María le preguntó si había tenido miedo y ella le dijo que no, que sentía compasión por ese ser que los había secuestrado. 

  La abuela sentada al lado de la chimenea miró a los ojos de cada uno de su familia y les comunicó:—He decidido acoger en mi casa a ese anciano triste y resentido que me retuvo y sonrió feliz. ¡Id por él!

La familia comenzó a discutir y ella les dijo:—¡Dejad de parlotear e id por él!

Cuando llegaron a la cueva, el anciano había desaparecido.


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