sábado, 26 de marzo de 2022

EJERCICIO 1 A AMELIA ALONSO

 

¿Por qué escribo?

Recuerdo a mi madre contándonos a mi hermana y a mí, cuentos, historias y peliculas: La Casita de Chocolate, El Enano Saltarín, Rebeca, Casablanca, La Piedad Peligrosa, Jane Eyre, Ana Karenina…

También me acuerdo de mi padre relatando historias de la posguerra, de su infancia y de su juventud o recitando poesías de Espronceda “Me agrada un cementerio de muertos bien relleno…” o aquel de Calderón de la Barca, “que toda la vida es sueño y los sueños sueños son.”

Me veo a mi misma recostada en el seiscientos nuevo, volviendo de noche de cualquier viaje de aquellos eternos, haciendo como que dormía y soñando despierta con aventuras en las que yo era la protagonista. Jugando con los recortables en el suelo de la cocina, diseñando casas, vestidos y vidas para los muñecos de papel. Organizando excursiones por el tablero de ajedrez (juego que nunca terminé de aprender) con la Dama blanca y el alfil negro en busca de los caballos que habían robado tres peones rebeldes.

Y cuando escribí por primera vez. Era una redacción. En el colegio. Conté las primeras vacaciones de mi vida. Habíamos ido a Zumaia, un pueblo de la costa. No sé si fue la primera vez que vi el mar, pero sí la primera vez que lo disfruté de verdad. La redacción gustó mucho y la mandaron a un concurso en el que la seleccionaron para la segunda fase. Me mandaron escribir sobre el agua. Hice un recital de mis conocimientos sobre el tema, el ciclo del agua, la necesidad del agua, los ríos, los océanos… Fracasé. Aprendí que sin emociones mi escritura no valía un pimiento.

Seguí escribiendo a rachas. El típico diario de adolescente me acarreo un severo castigo porque mis padres (que violaron mi confianza y lo leyeron a pesar del gigantesco TOP SECRET que había escrito en la portada) se creyeron todo lo que ponía que evidentemente no eran más que invenciones románticas. Aprendí a escribir con el narrador en tercera persona.

Escribía cuando estaba triste o me habia dejado un novio. Uno de estos leyó mis cuadernos y me dijo que antes de escribir debía vivir. Creo que en el fondo había detectado que lo que contaba me era ajeno. Aprendí a hablar de lo que conocía, de lo que me era cercano.

Así anduve, hasta que en una de esos periodos solitarios me apunté a un taller de escritura creativa que organizaba una asociación de mujeres. Rosa Plazaola, Zulema Moret, Lurdes Illera fueron mis profesoras y mis amigas. Aprendí a escribir en cualquier momento de mi vida alegre, triste, nostálgico, a jugar, a disfrutar, a compartir…


¿Cómo escribo?

Veo una imagen, una persona, una noticia, una palabra, un recuerdo... y escribo en mi cabeza, pienso sin escribir lo que voy a escribir, a veces se lo cuento a alguien... Busco una emoción, una sensación y escribo. Cuando no sé que escribir me pongo delante del papel y escribo sin pensar.


Mi vida, mis emociones quiera o no quiera acaban reflejándose en lo que escribo. Escribo de todo eso que he vivido y sentido pero trato de enmascararlo porque no quiero que me descubran. Me preocupa que me descubran.


Tres momentos de maxima creatividad

1.- Trabajando de maestra de infantil para que mi docena de alumnos se estuviesen un rato quietos les contaba cuentos. Siempre pedían más y más y me los inventaba poniéndolos a ellos como protagonistas. Los cuentos tomaban dimensiones estratosféricas, invadían nuestra vida. Hacíamos disfraces y representaciones y nos inventábamos canciones y bailes. Hacíamos dibujos y cartas para los personajes y construíamos barcos de papel que arrojábamos al rio para que les llegasen. Les invitábamos a merendar. Preparábamos bombones y sándwich y en algunas ocasiones recibimos la visita del pirata, de la bruja o del lobo del cuento.

La creatividad es como una sarta de perlas, coges una y luego otra y otra…Sí y además…. y sin miedo a disparatar, no hay nada imposible.

2.- En un alarde de osadía mi amiga Lurdes Illera y yo nos atrevimos a dar un taller de escritura autobiográfica para adultos en un centro cívico del ayuntamiento. Nos juntábamos una vez a la semana para preparar las actividades y aquello era una explosión de conexión y creatividad. El curso que salió de aquellas tardes se estuvo impartiendo años con bastante éxito (yo solo participé aquella primera vez). Una de nosotras sugería algo y la otra añadía otro apunte y un ejemplo y un juego y una lectura y… El disfrute era máximo total.

3.-En un taller de escritura, Zulema Moret nos propuso escribir sobre una fotografía. En la que me tocó a mí aparecía una mujer de espaldas y a su lado una fila de zapatos de diferentes tamaños y formas. En un primer momento escribí un texto corto, no más de diez lineas. Luego poco a poco surgió un relato que obtuvo un premio en un concurso. Y luego una pequeña novela que esta sí quedo inacabada. Para elaborar el relato me basé en historias que contaba mi padre, en una mujer que conocía y en mis emociones ante todo aquello.

2 comentarios:

  1. Se nota que en tus textos hay emociones y, a mí, eso me importa mucho. ¡que suerte tenerlo tan claro!

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